vendredi 30 octobre 2009

OBRA POÉTICA (1977-2003)










OBRA POÉTICA
(1977-2003)







Eduardo García Aguilar

















BERKELEY SQUARE
(1980)


















BERKELEY SQUARE

Como en Roma, el viajero dejó aquí
los meses más bellos y furtivos.
Por un capricho decidió emigrar
hacia la sombra impredecible,
llevando veinte camisas finas, tres pares de zapatos,
diez pantalones, varias chaquetas de cuero negro,
y los más olorosos jabones naturistas.
Se ha arrancado como una rama suicida
a la fiesta y el júbilo de la libertad
dejando todo en ciernes, hasta el amor
y la amistad que ha conseguido.
Vagabundo, ¿cuántas veces cortaste
un camino que hubiese cambiado tu destino
y cuántas escogiste un destino que cambió tu pasado?
A los 27 años aún es imposible pensar en el futuro
como una lejana estación de un país desconocido
y por eso trituras el presente
y dejas a los amigos viajando hacia el exilio de un país
que devora a sus cautivos.
Viajero, es imposible volver atrás,
a todo aquello que viste en los muelles ficticios:
los licores bebidos con Susana y Margarita,
los viajes en bicicleta a Sausalito,
las danzas en Berkeley Square y en Azhkenaz,
el humo del cigarro difuso,
la comida vegetariana con Arturo,
las tardes de North Berkeley,
los bares y las hamburguesas de Ocean Street.
El aire y la soledad americanas se han ido de tus manos
como el suspiro de un guerrero herido.
Vagabundo, beberás en otras tierras la amarga ración
de juventud que gota a gota te recetan los dioses,
mientras tratas de justificar tu estadía en el mundo.

1980





























ALCATRAZ

He divisado por fin a Alcatraz
después de tantas vueltas dispersas
con una botella de cerveza Coors en la mano
y una chaqueta de brillante satín negro
en la bahía triste de Fisherman's

No he visto nada parecido desde
las azulosas aguas de Oskarshäm
nada igual al insidioso rojo
decrépito del Golden Gate
sobre el agua cosquillosa de esta bahía tiesa

Nada que no sea el coagulado
deseo de acercarme de lado
como una cobarde tangente de sombras
a la escarpada isla de Alcatraz
la de Al Capone

Trabado casi ciego miro Berkeley
al otro lado y no se cuál de las dos orillas
es más cruel
si el azul de los ojos de ella
sobre su bicicleta en San Pablo Avenue
o la cabizbaja y bizca mirada de Ed McAllister
el pedófilo asesino que paga aquí prisión perpetua

Embuto otro trago seco en mi boca
y el humo pegajoso de la sinsemilla
se adosa al pelo que aún cuelga de mi calva
como el peluche oscuro de la marioneta
y yo Lord Quijano se que no es tiempo aún
de merecer la celda como si esta rojiza tarde
deseara convencerme de que el honor del crimen
también es la imposible quimera del maldito.

San Francisco, California, 1980


























EL AHORCADO DE BERKELEY

El parque de robles retorcidos y quedos
reposa en la fría mañana berkeliana
Después de la bebeta
las hojas muertas – feuilles mortes –
duermen entreveradas con el frío
en esa tierra tenue berkeliana
Colina quebrada que sube y baja dejamente
mientras el viento ataca
y a lo lejos la azarosa bahía se mece
en la mañana berkeliana
A la izquierda como un teatro de rosas
la arena griega de Shakespere
está indemne de ayer que fue sábado
y los columpios penden
meciéndose dichosos con la pluma de Susana
Es la mañana berkeliana
con el viento en la cara
y el rumor de las ramas
Un cálido aliento de cuerpo tieso
se columpia en la cuerda
de un árbol berkeliano
Y más allá con su sombrero y la cintica azul
la silueta del padre Brown
¿Qué hace allí?
¿Qué trama el padre Brown?
Mirando hacia atrás el lazo azota con su fugaz retuerce
el cuello del ahorcado
del ahorcado berkeliano

Berkeley, California, 1980











LA BALADA DE DE GREIFF *

En la azulosa bahía
“ boga débil barquilla”
rompiendo la mirada
de un reflector falaz

Duerme Alcatraz entonces
en medio del océano
el Golden Gate descansa
como una pincelada
y rómpense en los alto
de la montañería
los claxones de carros
las luces de autorruta
el agreste freeway

Al frente Ghirardelli´s
de mafioso italiano
o de aguzado gay
abusa con su ojos
la profusa agüidad
esa eterna mirada
de la perennidad

¡Han visto el mar mis ojos!
De reojo no más

San francisco, California, 1980


* Leon de Greiff . Poeta raro y excéntrico colombiano de origen escandinavo. Uno de los más populares y queridos del país en el siglo XX.


















WESTERN HOTEL


En 70 años he alojado a varias personalidades del mundo del espectáculo y en mis corredores entapizados de rojo y en mis cuartos diminutos han nacido y muerto también muchos amores.

Me llamo Western Hotel y fui destruido veinte días después de mi inauguración por el terremoto e incendio que destruyeron a esta ciudad de sueño.

Desde esa fecha fatídica del 18 de abril de 1906 he sido un hotel feliz.

No puedo negar que fue difícil recuperarse, pero después, gracias a las ayudas presupuestales y a las indemnizaciones fui reconstruido por eficientes ingenieros y hasta hoy no he sufrido ni incendio ni avería digna de robarme la felicidad.

Durante años fui decente y aquí sólo llegaban ancianas o agentes de viaje que desembarcaban en los terminales de buses vecinos.

Después pasé épocas tristes, pues mis clientes fueron hombres empantanados en las azarosas lides de la vida y estar dentro de mí era un refugio, una virtud cuya base era la necesidad.

Nunca los juzgué. Siempre quise comprenderlos.

En los últimos años siento que la edad me pesa y que me es difícil controlar dudas y miedos.

El ambiente del hotel ya no depende de mí, pues estoy feo y arrugado, sino de quienes aquí se hospedan.

Reconozco que entre las hendijas de los pisos de fina madera, que entre los intersticios de las moquetas marrones, detrás de las paredes y lavamanos, las cucarachas logran reproducirse ante la indiferencia de los pasantes.

No tengo vergüenza en reconocer que hay ratas y que ya poco me diferencia de las construccioens vecinas, más sucias aún.

A veinte metros de aquí, a mi izquierda, hay una puerta y un zaguán donde orinan los borrachos y los hippies envejecidos que por aquí merodean traficando sus joints y sus ácidos.

Las calles siempre están sucias. Las cafeterías grasosas.

Los negros están cada vez más hundidos en el peligro. Las lacras blancas deambulan cancerosas. Los viudos griegos esperan la muerte. Los travestis no encuentran clientes porque están demasiado gordos. Todos, todos ellos se adueñaron del barrio, en el que reina inseguridad y violencia.

Durante varios años, antes de que llegara Georges, hube de soportar en mis cuartos el más pegajoso tráfico de cuerpos sucios y flácidos. Las putas más repugnantes ensuciaron mis paredes con su ebrios vómitos. Los comercios sexuales ensuciaron mi colchonería y mi almohaderío, dejándolo como un cuadro abstracto de manchas amarillas de diferentes tonos e intensidades.

Se habló de paz y amor. De atracos. Contra la sabiduría y la acción.

Pero llegó mi revancha.

Georges, quien es mi actual manager ha logrado revivirme, acariciándome con esa deliciosa juventud de hoy, tan suave y hermosa, tan viciosamente sana.

Jóvenes todos que viajan y pasan por aquí y dentro de mí sienten que el mundo los cambia como un caleidoscopio que nunca cesa de repetirse. El olor de sus yerbas aroma mis cuartos. Sus comercios me excitan en esta amable vejez.

Abajo, en el hall de entrada se oye música durante todo el día y en el butacón habano ellos se sientan a hablar hasta las dos de la mañana.

Van y vienen. Pero todos se llevan el recuerdo de mis tardes, cuando en la cocina tomaban café y pasteles.

Van y vienen. Pero llegará el momento de no volver. De quedarse. Se avecina ese gire incesante de los años que transmutará sus tersos rostros en hundidas vísceras de sobrevivientes marchitos.

Estaré vivo aún. Otro temblor me habrá desvencijado. ¿Un fuego me habrá calcinado?

Sólo se que la ruleta gira.

A todo el mundo se le acaba la fiesta.

San Francisco, California, abril 17 de 1980












WESTER HOTEL II*

En cada cuarto sudores y alegrías lágrimas y hastío
¿Cuántos murieron allí poco a poco en noches de exilio
esperando mensajes transatlánticos o nombramientos?
Agitados tal vez por la huída después de un crimen
o por el llanto del desamor con el cuerpo herido de abandono
Uno a uno miles tomaron la llave y subieron por escalinatas
sin oír el crujido de las maderas viejas y polvorientas
hambrientos o hastiados de hamburguesas baratas
mientras afuera en la calle Leavenworth zumbaba el viento
Arriba ellos a través de cortinajes amarillentos
con cigarrillo y dedos untados de nicotina
miraron el techo cegados por la bujía o la desnuda coreana
Recién llegados de un país lejano
casi siempre de Oriente o Europa o Sudamérica
o de alguna ciudad estadounidense con asesino múltiple
tiraron sus cuerpos sobre colchones fríos
como sudarios a la hora del amanecer y gritaron sin gritar
al preguntar por la razón de este incesante viaje
Ebrios o bajo el efecto de la yerba
pulidos marchitos hastiados de amor o deseantes
escucharon el rugir de la calle
y el ágil taconeo de los atracadores
En la esquina de los chinos alguien comió chop suey
y pagó tres dólares cincuenta con monedas
y más allá un negro vendió la última dosis
Pero también en el 507
dos alemanas bellas trenzaron sus cuerpos
en el 403 Phil y Michael mordieron sus cuellos sin condones
en el 201 la gorda suspiró por un camionero sucio
en el 101 Gina y Luis celebraron la adolescencia marchita
con tequila y sexo agitados lamiéndose sin percibir el hielo
Raúl se vino solo y gimió en éxtasis hambriento
El viejo solitario del 313 tosió y tosió hasta la muerte
mientras Georges el dueño seducía en la recepción
al efebo pirómano con palabras de huérfano griego
Cada día distinto e igual con su ir y venir de maletas
lavamanos goteantes duchas oxidadas sillas cojas
Frank Sinatra cantaba desde algún radio viejo
Humphrey Bogart y Lauren Bacall discutían
desde la pantalla chica
Cada noche en espera del nuevo aventurero
o del estafador húngaro de 38 años con su blues a cuestas
Desamados y amados y vueltos a amar y a desamar
en tránsito hacia la nada desde la nada y por nada
mientras sonaba la sirena de la ambulancia
con un nuevo cadáver hacia la morgue
o un pederasta recién acuchillado
entraba a la patrulla en Castro Street
Van Ness Leavenworth Market Mission Strawberry Hill
Tenderloin luces intermitentes en rascacielos
Bruma desde el Golden State y una luna gigantesca
Todo al unísono en el delirio del drogadicto del 707
una noche cualquiera de abril

* Versión evocatoria del primer Western Hotel escrita en Ciudad de México en 1997 e incluido en Animal sin tiempo (2006).







ORACIÓN DE NORTH BERKELEY

El lánguido sol del Pacífico
diluye la imagen radiante de la gloria
en un cosquilleo metálico de espadas o sangrientas cimitarras
y el telón rojo de seda que esconde la masacre es tan fatuo
como la negativa de una muchacha recién bañada de laureles

Que no cese el clamor en estas calles impías
donde cantan los pájaros como si un oscuro presentimiento
resistiera a la miel y un extraño entrevere de combates
cubriera de sangre la marmórea estatua de los héroes barbados
y en una plaza fría con faroles tenues y asientos de verde oliva
se instalasen en coro los himnos más bélicos

No es tiempo de enarbolar banderas de aluminio
es sólo tiempo de comenzar la fiesta que siempre se adorna
de los vicios más exquisitos y las perversiones más ciegas
de revivir los hangares donde por vez primera
se besan los amantes
y guardan el secreto del pecado pastizales secos
y los montículos de leña cuyo olor agrícola
excita el sentido de los placeres mundanos
Invito a las gentes de este barrio florido a cambiar los horarios
y hacer de la noche el hormiguero de una actividad incesante
los invito a tomar el autobús fantasma
que se desguinza por calles
y sopla con su viento cortando cabellos y labios
trincheras y escabrosos atajos que nada ni nadie domeñará
como es imposible ahogar el campaneo de las iglesias
o el lento movimiento circular de los girasoles del Loira.

Nadie podrá impedir que se amen las rosas y las margaritas
y que haya tendederos que dediquen sus días al comercio
y que las tijeras pesadas se agiten en las rudas manos
de un jardinero que poda con su overol mugriento.

Nadie podrá impedir que los asesinos se encuentren en un bar
y beban tanta cerveza como los ancestros húngaros
que dormíanen las posadas de Kafka
o de Melville o de Cervantes.

Nadie podrá evitar que un torso cubierto
por una camisa blanca
o un seno rozado por la mano de un drogadicto
o una cabellera una cadera un cuello
hagan desertar al más leal soldado del último ejército
así como nada ni nadie borrará a Dios y a los poetas
que son la savia de esta azarosa irrealidad vestida de fiesta

Berkeley, California, 1980














AS DE NIEVE

Desde niño pernocto en mundos coloridos
y poblados de músicas secretas
No cambio una noche de lluvias por mil días soleados
Para qué el día si de noche recibo
la caricia de soles moribundos
y camino por campos y desiertos helados
cultivando amistades eternas y ardientes
No necesito amigos del día
detesto los seres que precisan de luz y calor para sentirse vivos
la absurda alegría que los embarga al saludar el alba
la sonrisa que esgrimen en la playa
Me bastan lo efectos logrados en el sueño su danza de tiovivo
aunque los disipe la obligada vigilia del día
En cuevas húmedas a la luz de lunas violetas departo con ellos
sobre temas que ningún mortal sospecha
Son asuntos musicales y cíclicos
incesantes oleadas de conceptos dúctiles
como la materia del sueño
extraños viajes de nostalgia hacia mundos inexperimentados
escalofriantes visitas a la noche de los mundos clausurados
al silencio de los desamados
No menosprecio las absurdas costumbres
que practican los seres de la vigilia
pero el mundo de los heliófobos yace sobre envidiables mieses
La soledad es su ausencia
La tristeza su atributo
La noche su amada
Salir de la guarida y deambular por senderos
cruzados por moluscos y bestias de sangre fría
su merecido premio.

San Francisco, California, 1980





GOLDEN GATE

Sólo el recuerdo de mi ciudad, cuya memoria sintetiza los vientos y la niebla fugaz que la cruzan, ayuda a sostenerme en el invariable precipicio de la noche. Sus olores, mil veces compartidos; la brillantez de sus nevados, colocados en la cima de la cordillera; el vago olor a cafeto y a plátano deletrean mis ansias de ella. Al caminar por el Golden Gate, de noche, retomo la luminosidad de mi existencia y aprendo a manipular el soterrado infortunio que me puebla. La alegría del bullicio primigenio, el recuerdo de un monte o el ajado mirar de un abuelo tambaleante, retornan para salvarme y dar aliento.
Aquí, en San Francisco, reposando dentro del sueño que mis ojos vieron años antes, vuelvo a saludar la madrugada, a sentir el suave venteo de las olas y a comprender que el mundo es una grieta en cuyo fondo hay un continente de sorpresas. Estoy aquí comprobando que podría estar en otra parte, o no estar, da lo mismo. En las calles tupidas de flores, en el declive que me lleva al restaurante chino, escribo el epitafio que me acecha desde hace muchos siglos.
En el puerto no comprendo a los turistas. Soy extraño a esa euforia que los conduce al insomnio del destiempo y los vuelve caricaturas horrendas de la dicha. La mía es sencilla, azar de dados.
La belleza de las luces se refleja en el tremolar de las aguas de la bahía. Sausalito brilla, su bullicio me aqueja. Cruzo el puente y desciendo en la más absoluta oscuridad hacia la carretera destapada. ¿Dónde está ella? ¿Vendrá? Cierro mis ojos y me dejo llevar por la noche. Ciertos insectos cantan bajo las hojas. Siento pasos sobre la maleza. Es ella, mi ciudad, de nuevo, como cada noche, acogiéndome con sus infantiles olores y recuerdos.



























































DELIRIOS DE NOEGA
(1981-1984)























LOS AUGURIOS DE PALEMÓN EL FILEMITA

Cuando la nao Balthazar atravesaba los peligrosos mares de Noega, sintió Palemón el Filemita una nostalgia que lo vació de toda paz y de toda alegría.
Desde la proa, a donde fue encomendado por sus superiores, observó las turbulentas olas y los negros nubarrones que amenazaban con destruir la inmensa embarcación.
Fue como si una daga hubiera encontrado paz en su corazón.
Nunca en tantos años, había sentido deseos de regresar a Noega, la bíblica región de su infancia.
Se había condenado al exilio, como una de esas aves perdidas en el firmamento que no logra encontrar el nido iniciático.
Fluían en su interior los recuerdos de la plaza, el griterío de los niños reunidos junto al abrevadero y el deambular de mujeres vestidas de blanco, cuyas risas chocaban contra la piedra milenaria de los templos helénicos.
En la soledad, aquellas figuras borrosas poblaban los trinquetes y se podían ver estampadas sobre los velámenes como alevosas apariciones.
Entre rayos y centellas nocturnas, trataba de reconstruir el pasado, las voces de los caminnates, el vuelo de los insectos y el ventarrón le ayudaba a recordar, construyendo con las nubes fugaces castillos, extraños rostros cuarteados por el tiempo implacable.
¿Quién era era él si no una borrosa imagen adolescente que los suyos invocaban en noches alrededor de la hoguera polvorienta, un nombre sin carne hecho de suposiciones y de falsas coordenadas, de vagas noticias y absurdas adivinanzas?
¿Quién si no el recuerdo de algunos amigos y tal vez la ardiente imploración de unos labios estriados y marchitos, fatigados de tanto cumplir el rito del amor?
¿Quién si no un dios hogareño, cuya voz aflautada de niño se liberaba de sus ataduras para vagar en cabriolas bajo los faldones de las mujeres blancas, muchas de las cuales ya habrían fallecido sobre el desierto ?
Recibió su paga y vendió en Sanlúcar de Barrameda algunas medidas de productos exóticos. Luego emprendió el rumbo hacia la lejana Noega, viajando por el Mediterráneo.
Regresó para ver la destrucción de la ciudad y embeberse observando desde el monte la lenta humareda del incendio, el húmedo vaho que despedía la tierra pantanosa que comenzaba a cubrir techos, calles, edificios o iglesias de la otrora gloriosa Noega.
Tardó mucho tiempo en regresar, pero lo hizo en el preciso instante en que aún estaban calientes las arcillas y los azufres que lo sepultaron para siempre.
Se colocó junto al árbol preferido de su infancia y con sus vidriosos ojos, como cubiertos por una tela azulada, trató de distinguir sobre los promontorios de ceniza, las casas, los parques y los recodos que recordó lelo, desde la proa, durante sus interminables viajes mundiales.













BREVE HISTORIA DEL DESCABEZADOR DE NOEGA

Durante treinta años desempeñó el cargo de verdugo en el reino de Noega y fueron incontables las cabezas que durante tal lapso cortó con el hacha legendaria de su abuelo Migdonio.
Pese a que no figuraba en la línea directa de sucesión, la súbita muerte de su hermano mayor le hizo depositario de la horrenda profesión de sepulcro.
Como su patria atravesaba a comienzo de su periodo por una indefinida y cruel revolución política, no hubo un sólo día durante décadas, en que no fuera llamado para cortar cabezas de revolucionarios, ladrones o adúlteras.
Aprendió a soportar la mirada lagrimosa de muchas de aquellas pecadoras condenadas y el llanto que se agudizaba en el instante de hincarse sobre el ensangrentado tronco de sus tormentos.
También conoció el rostro de valientes idealistas, que entraban al recinto poseídos por un orgullo inconmensurable, gritando vivas a la revolución, hasta que la hoja caía certera sobre sus cuellos.
No podía olvidar la voz grave que a veces se prolongaba en los labios de la cabeza convulsa que rodaba por el piso.
Una vez, la de Pedro el Rojo continuó gritando vivas a su héroes durante varios segundos y sólo lo callaron asestándole otro hachazo.
Despreció el temblor de los cobardes.
Al principio no podía borrar de sus sueños tantas desgarradoras escenas.
A veces despertaba gritando a causa de las pesadillas, se levantaba y caminaba largos trechos por el campo, tratando de disipar las voces y los gritos, el sonido viscoso de los charcos de sangre, al rodar en borbotones sobre las frías planchas del nefando recinto.
Durante muchos años suavizó su pena leyendo libros decomisados a los reos y así degustó viejas bibliotecas raídas por la humedad, cuyos volúmenes estaban marcados por notables ex libris.
Para el descabezador de Noega cada uno de los supliciados era la símbolica representación del género humano y al cortarles sus cabezas, pensaba que le cortaba la testa al destino.
Y así hablaba a su vástago, el próximo verdugo del reino:
«Debes saber, hijo mío, que un mendigo que hoy duerme bajo un puente, puede tal vez mañana ser un príncipe y un príncipe que hoy degusta los más delicados almíbares, puede mañana morir leproso en una cueva de Yakutia.
Sólo hay algo cierto: es preciso subir para caer y mientras más alto el ascenso, más fastuosa la caída.
La ambición de poder o de gloria sólo se deposita en seres escogidos cuya sangre parece cargada por una extraña energía que secretamente invade la atmósfera.
Quien nunca ambiciona, nunca cae.
Quien no actúa, no yerra.
Los hombres buscan la gloria y el poder para robarle el tedio de vivir sus ominosos látigos ».
Meses después, el día en que varios alguaciles lo condujeron hasta el fatídico tronco que fatigó con sus hachazos, se escuchó un terrible murmullo en la plaza de armas.
«¡El descabezador también será descabezado¡»
Los curiosos huyeron de la plaza y después una nube de golondrinas cruzó por el firmamento azul del reino de Noega.




DE JAYANES CENTÁURICOS

Febril es la mirada de quien reza, rojos son sus ojazos cautivos por la fe, por el cielo imaginado y deseado.
Gigantes son sus ojos, redondos, inusitados como viejas linternas apagadas después del combate.
Son ojos de hiel y de miel, sangre y vino, amor y odio.
Febril, irisada, total, es la mirada de quien reza a los viejos altares y a los nuevos.
Tembloroso su pulso.
Sus manos tiemblan, están listas a estrangular a quien disiente.
Quien reza no teme al verdugo.
Quienes tienen fe en los paraísos obligatorios sueñan con sepulturas negras, gozan cavando sepulturas, son endemoniadamente necrófilos.
Allá, por el valle, vienen las guillotinas caminando.
Son miles, como mantas religiosas, guillotinas que brillan por el impúdico sol de la tarde tropical.
Vienen por la línea del Ecuador y rezan y oran a los crédulos que darán sus nucas al escalofriante filo de sus láminas.
Vienen las guillotinas, arrasan como hormigas tambochas el prado, el cultivo del trigo o la humilde sementera de frijoles y zanahorias verdes.
Vienen las guillotinas sin gritos ni aspavientos, caminando como chapulines caoba.
Vienen adormecidas por el trópico.
Son conducidas como borregos por valerosos jayanes centáuricos : ved como corcovean sus jamelgos y cómo brillan las serpentinas líneas de sus látigos.
Ved como mansamente y en filas de a cien, reptan las guillotinas sobre los recios potreros y cómo impávidas, sudan y mojan sus mortales sarcófagos de ébano.
Observadlas y callad como gozques : sólo se os solicita la nuca.
No se os pide nada, opinad, sin embargo.
Arreglad el mundo, ya poco importa, vuestras gargantas serán pronto tajadas.
Aquí abajito están las guillotinas.
Están reposando sobre la planicie.
El verde de los héroes se riega como bilis y se adosa a las botas de los guerreros y a las alpargatas de los montañeros.
Es un verde coloidal, negro casi, el que inunda la planicie de los sueños; verde frontal, aleación de sangre pútrida.
Se ha mezclado al barro y al fango acechado por zancudos y su pegajosa masa detiene la marcha de las sedientas guillotinas.
Beben sin embargo estas criaturas el licor amargo que otrora protegiera las sanas vacas del virrey, o junto a la piedra labrada por los precolombinos, se recuestan durante la tregua.
El río verde también está cargado con la mueca coloidal.
Sus piedras no suenan; el río sólo lleva cadáveres, cadáveres de piedras ; hasta las piedras murieron y lucen los ojos apagados de la muerte.
El río ya no suena.
Río que no suena no lleva piedras.
Sí, lleva piedras, pero están silenciadas.
Callan hasta las piedras.
El huracán se detiene e intenta pequeñas tolvaneras en el desierto coloidal de las guerras.
Es un viento de acero, plateado, translúcido.
Viento de ráfaga.
A lo lejos la cordillera cruza sus líneas certeras sobre el azul profundo salpicado de nubecillas blancas.
Son líneas como cresta de un animal que duerme encorvado sobre la planicie.
Ha dejado de crecer vegetación sobre sus mohosos lomos y entre sus rugosidades fluye el agua verde.
Arriba, en la cima de la montaña, aparece el héroe, y dice :
« ¡La felicidad futura es directamente proporcional al número de degollados¡ ¡El paraíso es científicamente necesario!».
El héroe deglute viandas sin fin, inusitados perniles de iguana.
Roe los residuos que se adosan a los huesos como sanguinolentos jirones de bandera.
Suena el himno del paraíso.
Come sin cesar el héroe.
Respira con dificultad, no anda, sólo escucha, escucha las voces de sus viles cancerberos.
Escucha sus versiones y ordena matar como ordena subir a su mesa una nueva bandeja repleta de comida : codornices, conceptos justos, pavos rellenos de consignas, calamares en su salsa, pozole, cocoa de Burundi, postres mil, piernas de ninfa, tratados de Economía política, poemas.
Los cancerberos del héroe lo rodean humildes y murmuran palabras inaudibles, señalando con el dedo las nuevas víctimas.
En las mazmorras, los héroes derrotados fraguan una nueva revolución.
Los héroes gananciosos se aprestan también a ser derrotados.



DELIRIO DE NOEGA

Escucho el rugido de las olas cuando se quiebran contra el acantilado.
Veo el mar penetrar en la bahía, cortejar al crepúsculo.
Escucho el movimiento del monstruo salino ; sus garras arañan el tiempo detenido.
Oscuras sombras recorren el firmameneto soleado.
Son viejas hilachas de hielo gaseoso, extrañas barcazas de agua condensada que arrastran aves, insectos, ramas, viejos árboles.
Contemplo en el ocaso la destripada hiedra, el árbol caído, la inútil marea que erosiona las extensas costas de Noega.
Ya viene y su rugido sobrepasa el del mar o el del relieve cuando encalla en una cordillera…
Quiero vivir aquí, sobre esta roca que pronto quebrará su silencio para lanzar mi cuerpo hacia el precipicio.
Quiero vivir aquí, en las alturas, ondear como jirón de una bandera o como palabra sola, liberada de las terrestres ataduras.
Quiero pernoctar entre la piedra, junto a las rocas húmedas que huyen de la mohosa pesadumbre.
Quiero vivir aquí, observando la cordillera y el lento y vano deslizar de las aguas; quiero gritar a todos mi decisión, mi inútil destierro.
Quedarme aquí, desnudo, abierto de par en par como una estrella, poseído de olores, de mil codicias nocturnas, cubierto de líquenes y musgo.
Mil palmeras se mecen a lo lejos y yo quiero lanzarme desde el hosco rugir hacia las calles secas, perderme, solo perderme en un incesante trasiego y no volver a huir sino de regreso, como sombra, difuminado espejo.
Hay en mi sombra algo, un no se qué como llama de antorcha o desnucado grito mientras las aves se acercan en busca de su presa, sombras fugaces, inútiles repeticiones seculares, cayendo como espantapájaros sobre el agua.
Hay también mil palmeras al borde de mis sueños, cabelleras de una misma e irresistible mujer.
La montaña explota sobre el horizonte, explota como estómago dolido, atragantado de viandas inútiles.
Se esponja, se hincha y toda la montaña se rompe sin líneas, sólo fugaces llamaradas de un fuego abrasador y sin sentido.
Llamas que ruedan desde el volcán y se vierten hasta la playa inmensa, hacia el atardecer, cuando las aves han partido.
Las rocas, los azufres. Las flores de la chambrana, el amor de dos ciegos, se deslizan sobre la arena…
Hay mil palmeras aquí, en esta intersección de calles, mil palmeras lagrimeantes que se mecen sin ganas y dejan caer sus ramas marchitas, como se deja brotar un olor meditabundo.
Hay mil palmeras en el parque : se reflejan en las vidrieras de los bancos, en las ventanas de los edificios y en los vidrios de los cien automóviles que cruzan la avenida.
Se hallan impregnadas de paredes y puertas, las pueden encontrar derruidas de amor en una esquina solitaria, reflejándose en el aceite vomitado por un camión volátil.
Hay mil palmeras meciéndose entre el ruido, sin cielo, sin tierra, en la total aridez de los espectros.
Mil palmeras junto a mí, aún viviente ; mil palmeras que gimen y gritan sin ser escuchadas por el hielo, por nada, por el bloque de concreto; piedras.
Las veo caminar sobre el plano vertical de mis recuerdos, cruzan precipitadamente para evitar atropellos, caminan ocultas cuando todos dormitan, pero yo las veo mirarme desde lejos, penetrando sus ojos en el vidrio, en el grito de la máquina vieja, en los papeles; ellas están ahí junto al silencio, escuchando la música que escuchan los últimos amantes, los perdidos, los perversos, los amantes nocturnos.
Son testigos de un largo y febricitante ajetreo.
Testigos mudos del amor que se enciende en el parque y que fenece en la puerta de un viejo edificio urinario.
Allí han estado simpre y estarán por un tiempo bastante largo, un tiempo que trasciende la esperanza del mortal que aquí medita y del que conduce un bus hacia la amdrugada.
Ellas están ahí sabiendo quiénes mueren, quiénes nacen, quiénes viven.
Mil atardeceres las han desnudado y violado sobre el espejo de la tarde naciente.
Mil lunas las han acariciado, las han volteado, las han babeado con besos abyectos.
Un millón de soles fogosos y viriles las han dejado en jrones sin savia ni raíces.
Pero ellas están ahí y me nutren con sus besos; la cabellera riega su rizo en mi regreso, poco antes de que el semáforo se ponga en rojo y atrape o detenga mi locura.
Locura: ideas vagabundas.
Idea: extraña textura de un tejido inconsútil e impoluto.
Impoluta: la sangre.
La sangre: bebida carmesí alveolada, contenida en circulares y cilíndricas cárceles.
Cárcel: tus ojos, tu cuerpo, el suave placer de tocarte y de morder tus carnes.
Carne, precipicio.
Precipicio : Noega, febril continente.





DELIRIO EN MONTE ALBÁN


« Algunos emisarios del pueblo de Noega viajaron durante los primeros siglos de nuestra era hacia lejanas tierras del norte, donde existían poderosos imperios caracterizados por inmensos templos cercanos a los dioses.
Ciertos arqueólogos contemporáneos desentrañaron con sus hallazgos pruebas de ese comercio hipotético, pero para los sabios es hecho consumado, aunque se desarrolle en el gracioso y fluido mundo de la imaginación.
No es difícil viajar en aventura hacia lejanos confines, como loco no es suponer que extraños orientales, fabulosos judíos, inusitados fenicios, guerreos romanos descarriados o bárbaros vikingos, trastocaron las leyes de la historia para perderse en mares desconocidos.
La historia registrada es sólo la punta de un iceberg, el destello dorado de algún tris de oro, la luz moribunda de una estrella inexistente.
Muchos aconteciminetos revolucionarios en imperios inéditos se perdieron en la carroza de un injusto anonimato.
Viajeros, reyes, historias secretas, se convirtieron en lagunas ignotas para nosotros, contemporáneos de otra nueva era, que yacerá atrás en el tiempo, inexpugnable, pétrea, entre las ruinas de un desastre inesperado que no tendrá memoria.
En los más lejanos años de la cronología, hombres de carne y hueso bebieron licores y gozaron la dulce caricia de la amistad o el amor.
En extrañas chozas, mujeres de ojos vidriosos parieron ante la luz de lejanas tormentas. En truculentos senderos, cruzados por barrizles viscosos, bajo la capa fosforescente de relámpagos, hombres anónimos oraron a los dioses.
Bajo el volcán en erupción, o sobre la tremebunda grieta legada por un sismo, hijos contritos gimieron, lloraron sin encontrar respuesta.
Tenebrosas oscuridades platearon las sienes de ciertos moribundos ; luminosidades extrañas, los cristalinos ojos de los esperanzados.
¿Y nosotros, al fin, nosostros, los de ahora, qué podemos decir sino un grito de luz y de esperanza, un alarido de blanco, una caricia sobre la rugosa tez de una iguana ?
Suceden tormentas a la calma sequedad de los desiertos y nunca es más oscuro que antes del amanecer.
A veces, junto a una arboleda o un cañón tronante, podemos alegrarnos de saber que un siglo después, vertientes y planicies serán pobladas por seres que no han nacido todavía y que tal vez no nazcan de nuestras carnes heridas y marchitas como ciertas hojas de otoño.
Hay cierta lucidez en las rocas, en las piedras destinadas a vivir una eternidad sin fin, igual a la existencia del ámbito que las produjo.
Nuestra existencia, vana, polvorienta, entretejida de hilos débiles, es como un inmerecido premio y tonto es el que amarga tan corto paso por un continente de maravillas inagotables.
Nosotros somos viajeros sin otra patria que la humanidad, cuya libertad es a veces un látigo duro sobre pieles desoladas. »
Esto dijo el maestro ayer, junto a una pirámide de Monte Albán y confirmó frente al altar churrigueresco de San Felipe Neri, en Oaxaca, a donde los emisarios del lejano y febril pueblo de Noega llegaron hace siglos.
Todas estas ideas le fueron inspiradas por un cielo lleno de dioses y de ángeles, al encontrar por fin la iglesia perfecta, la iglesia que todos llevamos adentro y de la que renegamos a pesar de que puebla nuestra sangre.
Todos lo hombres construyen iglesias cual felices hormigas.
Nadie puede arrogarse el derecho de no creer, de no luchar por vagas nubes flotantes y desgajadas sobre las pirámides, como sobre los altares que la dicha mos prodiga.
El maestro es sabio.
El triunfo, que sólo es un triste maquillaje sobre marchitas esperanzas, no le ha cubierto sus sienes de canas, ni la gloria, poblada de trompetas, ha cantado inútilmente sus combates sobre planicies plateadas.
Es sólo alguien como nosotros, que ha visto brillar la luz sobre los horizontes y que sin odios ni espadas comprendió que es necesario mirar sobre extensas planicies y perláticos acantilados de plata.
El maestro puede surgir reptante de una vieja pirámide, o alado, como una revelación querubínica, del más absurdo altar, entretejido de vanas, pero impresionantes florituras, cuyas líneas no conducen al infinito, sino al centro de su propia procreación.
El maestro, que sabe captar los rayos de luz matutina sobre los centros históricos de las ciudades y que vibra de emoción al ver hombres iguales y eternos revoloteando sobre las calles en busca de pan, como hace tantos milenios, nos dice todo lo necesario sin dar vueltas.
En las esquinas de los barrios su voz se escucha nítida, impresionante como la melodía de cuerno divagando sobre una sabana.
En los portales de inesperados templos suele silbar preciosas melodías de flauta.
En ciertos riachuelos trina o mueve una hoja haciendo desprender una doradad naranja.
Sobre las banderas y los himnos refulge.
Desde los sótanos, como pirámides descubiertas, pero aún escondidas bajo la maleza, comunica una fuerza extraña, íntegra de paz y de tersura.
Pero es sólo un hombre este maestro que hoy nos ilumina.
Después de conocerlo, comprendemos que no es necesario introducirse en oscuras cavernas o robar la secreta tertulia de los acantilados.
Sólo falta observar el sol, a mañana y tarde, comer una naranja, dar un beso y cantar, para entender el más incomprendido mensaje de los dioses perseguidos…
























SUCEDIÓ EN EL VOLCÁN

A lo lejos, el cráter del volcán descendía en arenoso declive colorado.
Distintos campos de tono rojo, ocre, oxidado, se extendían suavemente hacia el fondo, para morir en el desierto helado, cubierto por la bruma y la niebla.
Miré a lo lejos las placas de nieve blanca, cuyo brillo provocado por fugaces rayos de sol, hacía más nívea la tarde y más gélido el ventarrón, preso entre cañones de piedras golpeadas y caminé lentamente desde el refugio dejando en la arena las huellas de mis botas.
Escalé por las faldas del león dormido, aferrado a la bata colorina y tierna de la felina faz.
Llegué a la cima poco después y observé el inmenso cráter del tamaño de una plaza de toros gigantesca y desolada, cubierta por el polvo de los siglos, por la incontenible usura del tiempo.
Desde allí miré entre hilachas de nubes huidizas el enorme precipicio de kilómetros que comenzaba en las piedras y en los frailejones tiritantes, en las amplias extensiones arenosas cruzadas por arroyos crónicos y fogosos, surgidos del deshielo y que en tiempos de mayor heladez, eran blanquecinas vetas u hondonadas labradas por el tiempo y se perdía en una vegetación intensamente verde, casi negra, de arbustos aplastados por el aire, trascendiendo luego hacia difusas junglas húmedas, en vertientes y en ciudades aferradas al despeñadero de la cordillera.
Allí, en la cumbre, me senté a meditar sobre la noche, sobre el vértigo de los hielos, cuyo signo era el espejo neutro que nada reflejaba, sólo la alada costumbre de esconderse en un vuelo interminable de cristales y no comprendí la exagerada blancura de las nieves perpetuas.
Grité.
El eco de mi voz creció súbitamente en la redonda hondonada del cráter, a la par que las crepitaciones de un fuego inconmensurable y arrasador.
El refugio, de donde huí para meditar, hastiado de las personas allí reunidas, ardía ante mis ojos como una tea de cristianos, pobladores de catacumbas y las llamas constrastaban como sombras móviles en el impoluto lienzo de la nieve.
Corrí de regreso por las laderas del cráter, luchando con las arenas y el viento caliente, despojo de feroz atizamiento, corrí sin aliento hacia abajo, en las alturas, quemado por las ráfagas de eolo que inundaban mis ojos de aire.
Corrí después por la planicie, siguiendo los sinuosos senderos y observando de cerca la casa refugio, construida como un chalet suizo, de madera, de techo cónico hasta las extremidades de sus cimientos y sus hermosos y amplios ventalanes franjeados de listones caoba.
De la aplastante masa nívea que bajaba como bata de ninfa desde el cielo, descendían los invitados y los turtistas de esa tarde en sus esquíes anaranjados, atónitos como lagartijas, formando sinfonía de cauces serpentinos y los vi llegar y cargar en sus manos trozos de nieve que lanzaban como locos a las llamas traicioneras, sin lograr ningún efecto tangible.
Al llegar escuché rumores que sonaban en las bocas y vi menguar la llama sobre los despojos del refugio, ahora armatoste calcinado, de vigas desiguales :
« Quedó atrapada ella, la única », dijeron.
« Atrapada en el baño, como un conejillo de indias, calcinada, indefensa ».
Ella era, sin duda.
Tenía el cabello negro, esponjado, leonino, y su cara era blanca, de blancura helada, sonrojada a veces por el sol o la pena.
Delgada también, muy delgada y de movimientos suaves, ágiles, como sus palabras de certera inocencia.
La sacaron de los escombros calcinada en la tarde moribunda.
Los vehículos partían atriubulados y bajaban en espiral, sobre la calzada que llevaba de la primera a la segunda planicie, por donde cruzaba la grieta de un vijeo río de tormentas.
Partían uno tras otro.
¿Los vi zigzaguear con sus luces rojas y amarillas, lentos, previniendo el peligro.
Pregunté a la nieve por la pepetuidad de los amores, o de la vida, o de la nada, o del hueco, o de la grieta.
Cerré los ojos y vi humedas rocas ocultas en la niebla, cubiertas de líquenes silenciosos y los abrí dentro del coche que llevaba los despojos de la ninfa, que en la oscura complicidad de un patio sembrado de flores de Noega consintió las caricias.
El coche comenzó, a bajar, de último.
A su lado el chofer, espectro atormentado; atrás, un grupo de monjitas vestidas de gris y de blanco, con preciosas cofias almidonadas y en medio un bulto cubierto de blanco.
Un rugido espantoso sonó desde las alturas.
Un rugido de mareas azules, insistente y tremendo, abisal, vengativo.
La inmensa montaña de kilometros se derretía, un mar entero arrasaba las arenas en una extensión de leguas largas.
Chispeaban las nuevas olas onduladas que bajaban a la velocidad de la noche y sobre ellas, como un barco solitario, el coche mortuorio, con la ninfa adentro, refulgente, revivida por el silbido acanalado del buque y por la quimérica luz de un farol encendido en la lejanía inundada del diluvio.













































LLANTO DE LA ESPADA


















I

A lo lejos la tierra prometida
despejada de nubes
clara
verde y humeda
recorre la ribera del río plateado.
Extensos cultivos de café
y pasto luminoso
tapizan la tierra negra y fértil
de mi patria soñada
la mil veces soñada
en el destierro.
A ella vuelvo en sueños tras la mina de plata
en cuyas cuevas negras y frías se esconde
la verdad perseguida
mas no hallada
por soñador alguno :
la verdad de la poesía.
Busco entre la terrosa esencia de este desierto helado
el bastón de los sabios
las tablas de la ley
el decálogo ignoto de los soñadores
y también rastreo solitario el laberinto de piedra
en donde una voz sonora, metálica, argentina,
enseña a los pacientes el espejismo de Noega.
Busco la grieta
la puerta
el umbral del paraíso
la llave
el santo y seña
el abracadabra
que destroce las rocas que cierran la certeza de encontrarlo.

Lucho contra vientos mortales cargados de recuerdos,
batallo contra espejos poblados de novias, viejas caras rugosas
que lagrimean su última esperanza, cuartos polvorientos de
casonas, corredores, marquesinas rotas por guijarros
y calles empedradas que no van a ninguna parte
y así limpio mi carne de toda escoria o atadura
para merecer el sendero de la sabiduría.

¡Y al fin lo encuentro !

Miro por última vez extensas planicies verdes de mi tierra
y en paz penetro silencioso
hacia la cueva.
Nada especial encuentro bajo tierra
ningún encanto de príncipes
tampoco guanteletes
ni adargas
ni coronas
ni diamantes esculpidos a la entrada de los templos
no veo princesas ni doncellas ni dioses ni gigantes de ojo
único
tampoco joyas ni ríos de excrementos
en donde penan hombres sin fe :
los pesimistas
no encuentro los ojos pardos de la melancolía
ni colas de dragones u horrendos basiliscos
menos el brocado retró de aquella novia…
Son caminos hundidos en polvo y en cascajo
escalonados
los que me conducen a las honduras verdaderas
goteras que resuenan
a los lejos como chasquidos de lenguas de gigantes y cíclopes
goterones que hienden las rocas
y una voz deliciosa que más allá
en las misteriosas lejanías
parece guiarme hacia la tersa piel de su unicornio.





























II

Encuentro por fin la nueva playa del mar escondido
y hallo paz inicial en el puerto
donde embarcaciones se aprestan a tomar la derrota
Vuelvo a ver el sol
y el barco de rubí
que me espera desde el tiempo inmemorial de los dioses.
Descargo mis armas
miro hacia el boquete subterráneo
que acaba de botarme al desamparo de la felicidad
y digo adiós a las cuevas
a los senderos polvorientos
a las grietas húmedas
que gotean el sudor de los que penan
sobre las vastas tierras
agotando la voz
en vanas súplicas.

El navío gigante
el mar aquamarino
reflejan la azul inmensidad del firmamento conquistado :
No vuelan hipogrifos
ni el ave fénix revolotea en la espesura
de mis sueños
no hay gigantes ni centauros
ni cisnes impolutos en la nieve
que la nube descarga hacia el crepúsculo
no encuentro armaduras
ni pañuelos bordados con lágrimas
ni castillos de azúcar :
sólo encuentro el deseo de bautizar la pluma en la fuente
prometida
la mil veces deseada
sacra
protegida
verdad
de la poesía.
No veo sobre el cielo tejido ninguno de Cluny
ni dame à la licorne
ni constelaciones mayores que traigan el arcano
ni carta de tarot que encienda mi destino
en llamas de malos augurios.
La estrella de la tarde
el sinigual lucero
no aparece por lado alguno
para sentarme a divagar en el abismo
de los cielos secretos.
¡ Ha desaparecido la Cruz del Sur !
y no soy nadie
soy otro
la aventura del antípoda.
Desde la Vía Láctea
quien fui me mirará asombrado
sin dar crédito
a la magia del poema
que todo lo crea
o lo inicia
o lo difumina
o lo proyecta en la letra
hacia los siglos venideros.
Liberado de terrestres ataduras
y de nombres impuestos
vago feliz por extraños continentes y mares
hacia el melifluo continente de Noega.
Departo amablemente de la proa
sobre vientos
y regalo mi verbo a los pastores del océano
les indico la brújula
nómbroles la constelación
juntos ponemos título al silencio
y bautizamos estrellas.
Hacia el atardecer nos sentamos a reír y cantar
tomando el licor que nos traen las aves azules
y hay quien cuenta su historia milenaria
y quien sus penas de amor y las lágrimas que otrora le
inundaran.
Aquel su cuerno saca en medio de la inmensa quietud
y tañe la melodía perfecta haciéndonos llorar de alegría.
Hay quien rasga el lino de su pecho y deja silbar la tramontana
Y yo a veces me retiro a un recodo para ver atardeceres
zapotes
Pensando en el amor que vendrá
o el que se ha ido.
Llega la noche y cada quien se retira al aposento.
Errabundo el océano se enturbia en el vórtice
y llega el peligro del naufragio
pues la lluvia que arrecia
trae descargas de una electricidad desconocida.
Los silbos del viento hablan con cavernosa furia
de la muerte
de la miseria
que precede y sucede a la alegría.
¡Eh, capitán, sin velas, que el viento nos sepulta !
¡Eh, capitán, nos hundimos !
El oleaje cruza la cubierta
desechos de mar la cubren
Los gritos se pierden en el maelstrom maldito que nos cierne

¡Dejemos toda esperanza que el fin ha llegado¡
































III

Horas después amanecía y nada fatal había ocurrido.
Bogando por el cóncavo mar
divisamos como frmamento
al que ayer casi nos hunde
y todos volvimos a reír
con la risa de los sobrevivientes.

De gala nos vestimos
y hubo guantes
adargas
atabales
faldellines las novias
jironados de carmesí los galanes
se regaron cuernos de oro en abundancia…
Con botines de charol que relucían
caminamos sobre el cedro de los viejos navíos
y fumamos haschish del mejor que es del Líbano
y empezamos a soñar sobre el sueño
con calles temblorosas
por cuyas aceras frías extrañas figuras aparecían
para desaparecerr bajo el sauce
soñamos en amplios mercados de Clignancourt
en donde decrépitos cantantes entonaban baladas
a gordiflonas putas
de cuchillo en liguero
recorrimos después los aposentos
y vimos relicarios de cristal de murano
antiguos pañuelos bordados
crucifijos y figuras de cera
vinos muebles antiguos de caoba
pianos de cola
sillas
cocinas viejas
extraños hangares repletos de escaleras
tinas resquebrajadas
con patas leoninas
delirio inextinguible del tiempo averiado.
Después como una hoja de mar sobre la tarde
vimos al monstruo negro albino
y al último Tycoon
poco después la soupe a l´oignon y el vino
amigo siempre
de los buenos amigos
y de los malos.

Los cuerpos encontraron a sus novias
Y se deleitaron con el sudor amargo de sus pieles
cuyos senos redondos saborearon al calor de las sábanas
¡oh dios mío
esos cuerpos calientes bajo las frazadas sutiles
sus manos
el almizcle que extraigo de sus sexos
como de una cantera demoniaca !
Todos
locos
ascéticos
lunáticos
sucumbimos al glorioso encanto de las damas
antes de que al nuevo amancer las torres del castillo
aparecieran a lo lejos :
¡Noega !
¡Noega !
febril continente imaginado por siglos
allá como el de Hamlet
en Helsingör
dinamarqués recodo…































IV

Noega
¡Nueva York de poesía !
Edelweiss del poema
burdel incongruente
fastuoso carnaval de los viciosos
túnel de la alegría
Cuántas veces añoré tu codicia nocturna
y quise deambular por tus salones plagados de escoria
cuántas veces beodo en el puente
intenté despeñarme
Hacia las aguas traicioneras
para llegar a ti
certero
ufano
ebrio de amor y de alegría
¡Cuántas !
Y ahora por fin entre la bruma veo tus muros de cristal
y cocaína,
el ligero espesor de tus muros construidos con el chocolate
de Hansel y Graetel
Y las ninfas que desde las almenas nos observan fugitivas
como dulces que sacian con su miel pervertida.
Caballeros subimos
despaciosos
como espectros de fiesta
hacia tus aposentos sagrados.
Noega
mi querido continente
reposo del guerrero
muro de la adarga
jaez del rocinante
guantelete dorado
espuma de los vientos
azar meditabundo
por ti todo lo he dado.
Te he buscado en las sombras y en el hielo
sobre la espesa oscuridad de los caminos
avistado tus cúpulas lejanas
en el variado campo te he soñado
con el cuerpo sumido en la delicia de tenerte.
A través de los ños
al destino he vencido
para llegar a ti
y no han valido edictos
ni decretos
ni muros
ni disparos
para lograr mi sueño.

Y así bajo el manto de otros aires
abro mi mano
y la azul flor brota en poesía.
Ruedan entonces mis ojos
y las aves rastreras se abalanzan
a consumar la rapiña de la esfera.
El silencio acomoda sus temibles megáfonos
y una voz se escucha en los templos de Noega :

Para llegar al continente de los sueños
es necesario dejar la propia tierra
y borrar a la patria
es necesario estar aquí o allá
pues da lo mismo
si en la duna o el valle
bajo la aguja gótica
transformar el espejo en llama florecida
trastocar los ecos las sombras los vestigios
invocar otras áreas otros ámbitos
cubrirse de cristales que brillen a lo lejos

¡Vivir vivir vivir
en la nave cautiva del relámpago !












































TIEMPO DE CANGREJOS
(1984 –1992)


































CUADERNO DEL VIAJERO




















EL VIAJERO

El alto viejo curtido pescador de las galaxias
en cuya sombra se recuestan madreselvas
ha dicho otra vez adiós en algún sitio.
La bestia herida que come polvo
y se sacude para morir en posición correcta
cruzará las extensas praderas
y volverá a las grietas añoradas.
Cuando una extraña palpitación se apodera del cosmos
músicas extrañas se escapan de la gravedad
y van hacia el abismo que el viajero ha buscado
mientras su sombra se alarga
y recobra la esfericidad de su planeta.




















PENA DEL EXTRANJERO

Ciertos caminos conducen a las ciudades iluminadas.
Después de viajar y viajar sin rumbo preciso
encuentras un recodo y observas destellos
de mil focos, el ajetreo de una actividad desconocida para ti.
Es más fácil entonces sortear precipicios,
vadear ríos caudalosos,
selvas húmedas en donde te acechan fieras y zancudos.
Cada día que pasa ves más cerca la ciudad de las luces.
Algunos de sus templos se perfilan en el horizonte
y puedes escuchar la música que se interpreta en sus plazas.
Vienes de otro mundo y llegas a uno nuevo.
Mil brazos salen a recibirte en triunfo
y las trompetas resuenan para el extranjero.

Quien llega no podrá volver al sitio de partida.
















EL ARTE DE ESTAR LEJOS

La ciudad cuyas piedras contienen tantos siglos
marcados de voces y derrotas
la ciudad siempre nueva y siempre repetida
en viejos continentes o zonas desahuciadas
A ella vuelvo con la misma tediosa
soledad que nos obliga
a continuar el viaje
que un día nadie entre la sombra
inició tras las arcadas
Aquel tiempo de piedra detenido en el eco
sacude su modorra entre el silbido
monótono del viento
y un ave sin destino
comunica su aurora a los pasantes
Callejones de hielo
fuentes que manan aguas de mansedumbre
un asesino impune que carga su pecado
Aquí otra vez se repiten los ecos y las sombras
y una mascarada sin música
acecha por las rejas
el instante que un día programaron
Camino y sin embargo
el sol parece relucir para otras sombras
sin cuerpo que deambulan hastiadas
de estar lejos






COYOACAN DREMS

Cuando el tiempo nos guía hacia la mitad del trecho
contamos minuciosamente los días los segundos las horas
que hacia allí nos conducen
y una extraña sensación de despedida inunda
el silencio del mediodía.
Abrimos la vacía la maleta que guarda el secreto
del fluir y la felicidad escapa traicionera
en la carroza del mundo conquistado.
Al otro lado del medio del camino
parece diluirse el paisaje amarillo
que viene de imperceptibles siglos venideros
que son como pasados vagos luceros espejismos
y un raro júbilo
nos anuncia el muelle y la nave que nos llevará
hacia la lenta agonía
A medida que las campanas tañen el nuevo cumpleaños
a medida que la brizna repica sobre la piel desnuda
mientras un inmenso arcoiris se insinúa sobre las amplias
mesetas –que vemos desde alturas heladas-
la vista se hace más clara como si los cristales
de la ceguera recobraran el diáfano destello
del diamante y todo pudiera verse
en su inquietante minucia
en su aciago fluir de catástrofe.






CAMINOS

Recorrer caminos sentenciados
repetirse sin límite bajo la oscura parca
caer gota a gota en la vida
y aceptarla
Es el destino que me nutre
y enceguece.
En el largo destierro
encuentro viejas casas
que guardan el silencio
pernocto allí y escucho
el ladrido de un perro
y moribundo emprendo el viaje del poema.
Rememoro las noches del sueño inobjetable
castillos dorados que el futuro dibuja
y los veos caídos en ruinas de proezas.
Condenado al eterno incendio de mi carne
sólo dejo cenizas
atrás
en el sendero
oscuros y fugaces jirones calcinados
cuya piel es de viento.
Mi tierra es sólo meta
vago lucero
ciudad de moribundos.
Mi destino es el viaje cada año repetido
la desazón suprema desde los aposentos
cubiertos de maleza y voces de otros muertos.




EL PREMIO EQUIVOCADO

Hablar hacia siglos venideros
buscar en la bahía del tiempo
residuos de otros muertos
atarse a las raídas cadenas del segundo
que vuela taciturno e insensato
hacia despeñaderos.
Abrir todas las puertas del alma
a tormentas lejanas
y escuchar esas voces secretas
que el viento infatigable
arrastra sin saberlo
hacia los nuevos tiempos.
Aguzar el oído y percibir el canto
de las tristes sirenas que agonizan
escuchar sus lamentos sus voces
rescatar el secreto de los enamorados
que yacen calcinados a la vera de un beso.
No cejar un instante en el vuelo
comprender los silencios
que nos llevan al certero epitafio
arracar a la tierra su esencia
su mineral eterno
y sentir esta vida como un premio equivocado.








VIAJES

Cada viaje es la muerte vestida de alegría,
la maleta : ofrenda para futuros siglos.
Rodar, rodar,
acumular recuerdos y valles fugitivos,
aderezar la huida.
Desterrado del mundo, del tiempo,
dividido en recuerdos,
azotado de lágrimas y lejanos rumores
no me detengo nunca.






















REGRESO

Regreso de una tierra poblada de hendiduras
y mi cuerpo es estrecho y delgado
para pasar los muros
indefinible corro por caminos dorados
y la rosa es la rosa de un viento de cisternas
Hasta el fondo me hundo
y chapuceo apenas
cuando mi cuerpo sube y se aleja
en la sombra






















RELOJ DE SAN ILDEFONSO

Acalorados túneles cubiertos de maleza,
Recámaras secretas, oscuras, clausuradas,
Sinnúmero de voces, de ecos, de rugidos
Emergen en la noche eterna de los sótanos.
En un siglo perdido o paralelo aún desconocido,
Permanecen las huellas de posible sucesos
Y se escuchan gemidos de seres no nacidos,
De piedras fracturadas o acciones inconclusas
Como vanos destellos de otro mundo tapiado.
Arcadas ilusorias adornan corredores
Y su piedra gotea líquidos nauseabundos.
Extensos pasadizos, compuertas, balcones interiores,
Jardines resecos y plantas asesinas
Se anotan en los libros que administran
La infamia de las horas.
Un horario secreto agota manecillas de relojes ahogados,
Luces apenas tenues hacen brillar la arena
Que mueve el mecanismo.
Llantos inusitados penetran los cimientos
Y el templo tambalea, se hunde entre pantanos
Poblados de animales sin ojos y sin venas.
Camino solitario, a tientas, bajo el humo
Que mueve un viento frío.
Mastico ciertos musgos y trago la saliva de la inmunda rutina.
Vomito en recipientes dorados
La purpúrea masa que se transforma en odio.
Voces lejanas oigo en largas tubamentas
Circulando cansadas en el negro recinto
Un murciélago pasa moviendo el empolvado
Tapiz de este silencio.









DESTERRADOS

Mortales ilusiones de un ángel desterrado,
Vagos signos de un Dios desconocido,
Se despeñan sobre el abismo oscuro
Y en espiral se enrumban hacia el otro destierro.

No es el apocalipsis ni el anuncio funesto,
Tampoco la condena dispuesta por los hados,
Es más bien la palabra de un demonio malévolo
Que esconde sus colmillos tras cada átomo ciego.

Una puerta se abre en el vasto desierto
Y el crujido herrumbroso se esparce entre la arena,
Dispersando el rescoldo, la escoria de los años :
Vidas, derrotas, amores, odios y fracasos.

Solitarios fakires, silentes cenobitas, mendigos
Y gusanos, emergen de las sombras y caminan sin rumbo
Hacia tierra alegórica.

Mujeres con los vientres hinchados por la vida,
Muchachas poseídas por serpientes sedientas,
Jovencitas que incitan al sexo a los halcones
Y gritan el orgasmo del polvo y la ceniza.

Todos, al unísono y en paz bajo el sol huyen
Hacia la tumba que un esqueleto pule en la penumbra.





OVILLO

Recorrer : vano ruego
repetición herida
memoria sin regreso
canto soso del hielo.

Retorcido conjuro
brujería que vuela
y desmonta destino
caminando yo muero.

Sólo olorosa carne
de muejr compartida
almizcle de su sexo
revive mis sentidos.

En su cuerpo recobro
el calor de mil siglos
y el tiempo de mi tiempo
se ovilla en su sonido.

En su otra boca hilo
la insensata locura
saboreando su velo
no pienso sólo vivo.







TERESA VON HÄLFTE EN CARTAGENA


Bienaventurados los hijos del sol,
gloria eterna a los pródigos del hielo.
Que las escarpadas murallas se derritan
si saben de hielo como yo de tristezas.
Soy reina en desiertos interiores :
mis siglos son de odio.
Malhaya Dios a quienes el sol
hace esclavos de su corrosiva alegría,
pues les reclama el hielo de mi carne.
He vivido siglos y recorrido mares,
han desgarrado mis vestiduras
los más bellos varones
y su calor sentido en mis entrañas.
En hoteles de puerto he poblado mi boca
de lenguas fugitivas
y al amanecer saciado mi ansia del sol.
No creáis pues negros y mulatos de este trópico altivo
Que vuestras murallas enceguecen mi rostro.
El hielo del norte os invita
a su paz y retiro antes de que se marchiten
los lejanos puertos de la nieve.









EL FANTASMA

Ningún resquicio
escasos monumentos
reducidas gaviotas
Aires en la sabana
ñandúes en estepas salinas
Un fulgor en los aires
luces
abismos
Nada bajo la sombra

































CUADERNO DE TEPOZTLÁN





















NOCHE

Al comenzar la noche sobre la inmensa llanura
las estrellas se afilan y se adueñan del verde
que un tigre ensimismado devora en vez de carne.
Al terminar el día las montañas
atraen a su seno el alba secuestrada.
Un grito tras la llama que devora los aires :
alguien se entrega al otro
un gemido
apenas
bajo la luz del día.






















LEVES CRUJIDOS

Es inútil abrir las cortinas de hierro :
nadie tiene fuerzas para contrarrestar la ley de la existencia.
A duras penas alguien levantará un leve crujido
a la telaraña que nos ata por siempre.
Los límites fueron ordenados por un ser frío
e implacable que yace en nuestro cuerpo
y que no percibimos en las tardes de siesta :
está allí y palpita bajo la piel que un día nos pintaron.























DESAFIO

Levántale la voz a las montañas nevadas,
detén con la mano el cauce enloquecido de los ríos,
lánzate a los abismos sin ponerte las alas :
tal vez sea posible desafiar a las rocas infinitas.
Junto al mar un pastor sin rebaño
abre el cauce necesario y se interna en la arena
para después morir de sed entre corales.
En las estaciones de pegasos
aurigas angustiados oran a las llantas
de una carroza mortuoria.
Cualquier cosa es posible
menos desafiar la partida :
la máquina es implacable y funciona.
Está prohibido solplar vilanos al aire
pues traen la peste a las ciudades que tocan
evitad los excesos románticos
y dejad tranquilas a las margaritas
Nadie te ama en el desierto
y tu propia carne te aniquila como una metralla.












GLORIA

Añorar en secreto un nombre hacia los siglos
un nombre solitario en plazas, calles y colegios
desprovisto de carne, de huesos y de sombra.
Soñar con bustos y placas de mármol
colocados en la helada noche de algún patio.
He aquí el triste resultado de este grito espectral
que en el desierto resuena cubierto
de lágrimas y moho.
Renunciar a las cosas, desechar las medallas,
huir del homenaje y el aplauso,
fraguarse en la candela de una época.
Todo eso para hundirse en el silencio
y no saber al fin si el rumbo merecía
El vano ejercicio del veneno.

















LA ESTACION DE LA AURORA

Ciudades y estaciones
mujeres y paisajes
Espadas que a lo lejos destellan una herrumbre
y vencen la fatiga de ciertos fundadores
Se equivocan de siglo los héroes que abren
la trocha en el punto impreciso
y pierden los que sueñan batallas inconclusas
No otro camino señalado se distingue entre el poovo
que alborotan osados caballeros :
lo vemos y enterramos la estaca en plácidas auroras.




















EL POETA

No hay poesía del júbilo o la felicidad
gota a gota los versos fluyen
hacia corazones solitarios
El silencio y el dolor
propiciarán siempre el canto del poeta
No otra desdicha merece el miserable
que cava su tumba con palabras
pensando que los dioses lo escuchan y lo esperan
Es un perro el poeta :
lame su propia llaga creyéndola el almíbar
que bebe un elegido
Perro, poeta, ¿dónde están tus espadas ?
Muéstrame tu tesoro
tu voz sólo se escucha en los depósitos de cadáveres.


















ARTE DEL PÉNDULO

No basta preguntar por la vida y sus misterios
es necesario cumplir la condena con risas inyectadas.
A los que nunca fueron ni serán
les corresponde castigar a quienes llenan el efímero espacio.
Una espada rebana el cuerpo de quien osa
cruzar los muros de su cárcel perpetua.
El tiempo está partido en celdas de cemento
a donde nunca llega la luz de los faros.






















EL TEJIDO INFINITO

Imaginas países desdoblados compuestos de metal
herrumbroso
y escuchas los vestigios que la historia ha dejado
Hallas jirones de carne y huesos roídos en los patios
y voces que deambulan en plazas sin iglesias
Una mano sin líneas recoge la hojarasca
que los árboles botan día a día en las calles
y percibes el paso de monstruos sin cadenas
Quietud de los espejos que manan la coloidal
resaca de una orgía
Paz en los camposantos sin cruces y sin muertos
atroces despropósitos de un creador sin alma
Al alzar la mirada el cielo negro se puebla de gusanos
y un tejido infinito aleja para siempre
los amplios ventanales del abismo
El viento se levanta y te lleva en volantes tapices
hacia la zona violeta de los sueños
donde un reloj enorme arroja manecillas
sobre los vastos campos diagonales
Un destello dorado se riega en el espacio
que colma un viento frío con ojos y sin venas.











LA MUERTE EN MONTE ALBAN

Seducidos por templos de piedra
en sus aristas agoniza el hombre
Agudos los sentidos
filosa el alma
ve sobre la pirámide el baile de seres moribundos
y escucha letanías de otro absurdo milenio
Amanece
y los gallos que cantan a destiempo
arañan terracotas repletas de amuletos
Al desaparecer
su sombra baja y vaga por espacios
que dibujan ruinosas ciudades prehispánicas
Ayer apenas era un osado turista
que desafió la noche de los dioses
Hoy es la sombra sin sombra
que se basta a sí misma en la nada















EL AMIGO

Las cartas espaciadas traen noticias
mas no el rostro difuso del amigo
En seis años su alma es un cartílago
que huye de ciudad en ciudad
como la sombra de una denegada felicidad
Alcanzo a imaginar su espectro entre las calles
de aquel París que fue nuestro
cuando el enviado de Dios
ungió en el metro Jourdain nuestras tonsuras
¡Oh amigo que el tiempo dispersa
en parcas zonas desérticas !
¿Dónde está el transatlántico del muelle ?
allí viajarás algún día al paraíso
en el desierto imagino tu viaje
de retorno a los lares de Eneas
















ADIOSES Y RETORNOS

I

A los 20 años alguien te muestra la Cruz del Sur
emergiendo tras los cerros
y algo se quiebra dentro de tí
produciendo tintineo de cristales
Viejos muchachos te siguen por la calle
atontados por la ilusión de viajar a un París
mitológico
Es el viajero un niño todavía
y ya puede escapar al infierno de su patria
En un barrio pedido de calles polovorientas
el padre lo acompaña al peluquero
y canta una canción que suena en la cuadra
como un clarinete desollado
En el comedor la madre lo mira por última vez
y esos ojos lo perseguirán hasta la muerte













II

A los 25 años ha conocido el paraíso imaginado
y hasta la saciedad probado el vino de los buenos
y los malos amores
El futuro es todavía un transatlántico dorado
pero ciertas estrías corroen las alas del viajero
En las vastas llanuras de la Amazonia
junto a ciertos lagos artificiales
ha bebido la copa infecciosa del deseo
y a lo lejos
entre el tórrido follaje
una enorme Anaconda serpenteante
lo ha devuelto a su sueño



















III

A los 30 años es el mismo niño caprichoso
que viene a tocar la llaga de su patria
Más solo
con menos risas y emociones
es un extraño personaje que vuelve
y ya no encuentra las raíces
Aprecia la pureza del aire que fluye
por calles coloniales
e intenta hablar a los nuevos amigos
que pudieron serlo en otro tiempo
Es tarde sin embargo
para armar los retazos del recuerdo
las zonas del exilio
y los amores aplazados

















IV

A los 33 años no basta regresar para sentirse afuera
afuera es suficiente para saberse adentro
el medio del camino te muestra otros paisajes
cuya tierra es el alma de los libros
Sensaciones internas que mueven mecanismos
de un espléndido juguete
Ninguna mujer podrá quebrar tu amor por los fantasmas
El cuerpo más hermoso y feliz competirá apenas
con las pieles ficticias de tu obra
Es otro ya tu viaje : lo imaginas y lo creas.


































CUADERNO DEL CANGREJO



















EN EL TEATRO GRIEGO DE SIRACUSA

Un largo silencio o un viento desolado
inunda el vacío que dejan los encuentros
en el teatro griego de Siracusa.

Allí, un joven sabio descubre a una bella
que sonríe cuando llegan barcos destartalados
al viejo muelle de carcomidas maderas.

Admira su boca mojada, desea su cuerpo,
celebra sus largas piernas de aceite,
pero alguien envía emisarios
para que no pueda rozarla con sus manos temblorosas.

Viejas sombras recorren el escenario
y tras el mármol una actriz gorda llora
y bebe una copa cargada de amores imposibles.

En las gradas, el silencioso joven
saborea el instante y deja que el deseo
lo invada con su húmeda caricia impalpable.










CIUDAD SEXUAL

Calles al mediodía untadas de aceite se difuminan
mientras un tren lleno de amantes
fluye sobre rieles abandonados
En el parque las palomas atacan algodones de azúcar
provocando un griterío de huérfanos
Una alondra no hace verano en las estepas
pero aquí en la ciudad del desierto
las humareda de las refinerías
anuncia lengüetas de fuego y ajetreo de turbinas
Con una botella de whisky a medioterminar
una joven deja a su paso las arañas de la suerte
que la persiguen como si fueran muchachos avorazados
Su sombra de jeans y cabellos despeinados
mira hacia los bares vacíos donde viejos con resaca
cuentan monedas oxidadas
Su cuerpo ha sido poseído todos estos días :
manos, bocas y piernas de muchachos no han fatigado
sus músculos
Los perros vagabundos duermen junto a la carnicería cerrada
mientras ella silenciosa y bella y aún sin bañar
deja que el olor de la noche pasada la arrulle sobre el prado
Alguien ha mordido sus muslos y deesenredado sus greñas
en un baño turco con las puertas lacradas como carta de reyes
Su cuerpo trae el sonido de las tuberías calientes
toda ella cubierta por el vapor
mientras dragones alados saciaban su cuerpo de lirio
Abandonada momentáneamente a su soledad
podrá ahora al fin palpar las toallas recién desinfectadas
mientras en la otra cara del barrio ancianos reales
se dejan lamer por su terrible enfermedad de costumbre.









MANTRA DEL MAR

Cubierta de sargazos una mujer flota sobre arenas de fuego
con sus ojos cerrados y la cabellera en llamas
mientras una brisa metálica golpea acantilados
y hace vibrar marismas
Una sirena en lo alto se besa con el pastor de la gaita
y pequeños cangrejos se esconden sin dejar huellas
El silencio de los peces alados
llega de súbito para rozar la piel de la ahogada
y ahora ella está allí desnuda con su sexo abierto y florecido
mientras un adolescente la posee rápidamente
Los viejos neptunos adocenados y las gordas hetairas
reposan junto a sus hijas recién desfloradas
El mar y su oleaje de cobalto
los gigantes caracoles rosados
los futbolistas bronceados a los lejos
En la colina los oidores de mantras
fuman yerba y recuerdan en hamacas
la ya lejana urbe que destroza los nervios
Una diosa amarilla de largas piernas canela
acaricia y muerde a un poeta en crepúsculo
y luego agoniza entre un olor de sudores cruzados
La noche de mariposas y luciérnagas
el reflector que dispara haces planetarios
las olas que no duermen y una tranquilidad de vagabundos






TIEMPO DE CANGREJOS

El tiempo fue invención de cangrejos rara epifanía de lirones
alados :
sobre los siglos campea un eterno presente de animales
antediluvianos
como si una espesa capa de helechos trabara para siempre el
mecanismo
Huye al fin de las horas e intérnate en la memoria
de quienes una vez te poseyeron
Todo fue sólo el animal que nos une el mordisco el rasguño
de la infecciosa muerte :
En tus lágrimas en mi oscuro deseo en las sábanas heridas
se veían las uñas de un Zepelín recién derrumbado
o la telaraña de un reloj con ojos y con venas
Huye sin mirar atrás y no invoques la usura
no llores en ciudades extrañas en escaleras desvencijadas :
en un extraño planeta se apeñuscan las voces de los amantes
y los radios baratos que expelían melodías pasadas de moda…
Uno a uno los colchones fueron vendidos en depósitos
y nuestra inquietud de secretos amantes fue cambiada por
saliva
Todas las avenidas llenas de aceite y de plomo
han visto estos días
cruzar la marcha fúnebre de los fulminados a destiempo
En todos los cementerios las tumbas no dan abasto a los
apresurados
Que nos vieron correr de la mano por una sucia callejuela
Aquí las mariposas han cambiado su rumbo hacia
despeñaderos
y el polvo se levanta de las colinas donde jugamos
entre azaleas y crisantemos de fuego
En las estaciones de autobuses o en los aeropuertos a donde
llegues
acaricia paredes recién pulidas por egipcios
y escucha el golpeteo de los sellos sobre vías inútiles
En estas calles algo como un olor tuyo suele inquietar
a los trabajadores de las panaderías










































POEMAS DE BUTTES CHAUMONT
( 1977-1979 )

















DESNUDENCIA

Los vi desnudos corriendo por la playa
ella
los cabellos tirados al viento
él
sus brazos dúctiles
abiertos al sol

los vi desnudos
era un despertar
una vieja ilusión
que resistía en perdidos recuerdos

vi esos cuerpos insinuándose
en la colina
a cien metros de nuestro bungalú
y entonces dije sin pensarlo
tocando mi piel

aún se puede vivir
no importa si somos ciegos…

1977









CUENTOS

Ven cuéntame muchas cosas
Cuéntame que ayer hubo pájaros
Resistiendo al viento de la playa
O que hubo un barco gigante
Emplazado en el muelle de nuestra memoria
Cuéntame por ejemplo
Que en Västervik
No hay campanas
Ni viento
Ni horas
Sólo historias fabulosas
De monstruos horrendos
Que salen de los lagos
Sin hacer daño
Submarinos
Poemas cantados
Por viejos marineros
Y olor
Y amor
Y ladrones de besos
Cuéntame por ejemplo
Que en Västervik
No hay campanas
Ni horas…

Barcelona, abril de 1977





CALLE KUNSGATAN

Una tarde en la calle Kunsgatan
aprendí de fríos y nieves
pero también de tu palabra

en un barcito amaderado todo
al estilo austríaco de comienzos de siglo
hablamos de nosotros sin pelearnos

Por ejemplo
de días en los que tu cara amanecía
liviana de años tristes
y entendía que aún sabías conjugar
ciertos verbos prohibidos

En la calle Kunsgatan
muchos caminan en verano
y saben
y de fríos y de nieves y de amores
saben también que la vida
es caminar con hombre al hombro
con el cabello largo
hasta el final de la calle Kunsgatan
donde nuca pasa nada…

5 de octubre de 1977






DESPUÉS

Después de muchos años
He vuelto a sentir la madrugada
El canto silencioso del petiamarillo
Que adorna el cancel de la puerta
No ha regresado sin embargo
La música negra que mojaba de miedo
La calle solitaria
El vendeddor de helados
El tendero argelino
La verdura del parque
Tampoco tú
Que eras lo más importante
Y lo menos difícil



















LENINISMO

Cuántas veces te vi caminando
por lo senderos de la facultad
en tus blue jeans y tus o key saludando
cuando jugábamos
a los policías de izquierda
y degustábamos la dulce melodía
del catecismo barbado
cuántas veces supe entre cita y cita
que tu aroma estaba escondido
tras tu franela
y que el sudor reluciente de tu frente
cuando echabas discursos
era más importante que el recodo leninista
de tu inefable presencia

1978














SOLEDITUDINE

La soledad es más imprecación que pena
tierna
puede traspasar el frío del invierno
agresiva
conquista la palabra
Lúbrica
tramonta a un pasado de amores
sin la mínima culpa de los celos
o la intransigente miseria
de la necesidad

Buttes Chaumont, París, 1978



















ESPANTAPÁJAROS

Como un espantapájaros que duerme
durante la cosecha
tiemblo pensando que llega la noche
y que su sombra de muerte
fustiga el lento crepúsculo
de una tarde soleada

En la alta colina de los dioses
que no saben de tontas lujurias
ni de vanas palabras
miro los temerosos pájaros
que huyen de mi y se esconden
picoteando a hurtadillas
toda migaja de esperanza

Cuando el negro manto de la noche
cubra el canto de los grillos y las ranas
y poco a poco se amilane el rumor
de la quebrada seca
sabré que el conteo de horas y días
es un acto de fe
que aún puede revelarse









ESPANTO

Como un espantapájaros que duerme
en la azulosa silueta del viento
tiemblo pensando que la noche
llega lentamente

No la noche de sombras cuyo eco
presagia la muerte
ni el crepúsculo que medra fatigándose
en desvanecimientos inútiles

Sólo la azarosa mirada del espejo
hacia mis ojos
esperando la noche
esperando la muerte

















FUNESTIDAD
« Midi, roi des étés como
cantaba el criollo francés »
Rubén Darío

El sur es un milagro
de estrellas semiciegas
el llano aparición
de un sielncio sin fines
caminando por la suave ladera
junto a toretes y potros
cambié mi fracaso
por un brochazo de funesta hartera
soy oscuro
siniestro como un cuervo
mi sudor hiede a huesa




















TOALLA

La toalla te conoce más
Que el amante o la amante
Solícita
Frota tu cuerpo
Explora tu cuello
Tus muslos
Tu pecho
Guardando el secreto de tu desnudez
En su tranquilo y sutil anonimato
Siempre espera colgada
- y tal vez sucia –
la oportunidad de poseerte

Buttes Chaumont, París, 1978













GALOPE

Los alazanes rusios cruzaron la pradera
sin saludos
sin ceremonias galopantes o crines erectas
pasaron con un mensaje sordo de violines
o viejas constataciones
para humanos sin herraduras
los alazanes dejaron una estela de versos
entre el polvo gitano de los potreros recios
y sin embargo anunciaron solemnes
con sus gaznates secos y oloroso el estiércol
de su escogido atuendo
que la hora llegaba de galopar al viento
sin tenis ni naufragios ni alientos
en la esquina barroca de aquel mantel sereno
donde platos y sierpes
convivieron gritando















EQUIVOCACIONES

Equivocada sería toda penuria
si no reflejara entereza
he sido el último en reconocer
mis pecados y mis pavores
el primero en negarlos
la vida es sucesión de tontas evasiones

Sin embargo
aún tengo deseos de vivir






















MI OFICIO

Perdí la destreza en el oficio
Poeta de palabra de afuera para adentro
No de adentro hacia afuera
Cubriéndome de risas de rictus de patrañas
De sutiles manías de abollados complejos
Monumento a la gloria de los pequeños círculos
Perdí el aroma verde de nísperos y guamos
El azul espumoso de todos los deseos

Y me llené de arrugas interiores






















A LOS 25

Se precisa acabar con la cuenta de los días
esa ansiosa e ilímite matemática de la vida
que atraviesa la digestión
en la esquina contigua

Olvidarse de arrugas potenciales
y saludos forzados
tener la seguridad del goce
frente a cualquier sábana blanca
aunque ésta nos invite a la timidez

Contar los años
apagar las velas del cumpleaños
invitar los amigos a la celebración
es una forma elegante
demasiado elegante
de dosificar la muerte

7 de septiembre de 1978











ESCRIBIRTE

Escribirte sería una claudicación
tan vergonzosa como nuestra mutua entrega
¿Cómo fue posible
que tus labios desearan
mis labios
en medio de los Bee Gees ?
¿Estaremos locos quizás
desvirolados
hundidos en la frivolidad ?
¿Seremos tan insignificantes
que la trascendencia
parece impostura
y toda declaración amorosa
« parte » de guerra ?
¿O tal vez la vida
está en el jardín escondido
de nuestra odiosa cotidianidad ?

Buttes Chaumont, París, 1978












ROMA

Supe de Roma una antigua noche
De fríos azahares y egregios monumentos
Piazza Navona en plena befana
Supe por ejemplo de roídos drogadictos
Vendiendo sus almas al borde de un túnel
Supe de bendiciones y de niños papales
Cruzando en va-y-viene las empedradas calles
Y la helada fuente centenaria
Supe de muchas voces juntas desparramadas
Crujientes veleros de papel
Y luces suaves que alumbraban mi alma

Va bene, embluyinadas canciones tiritantes
spinellos bombones carteras de cuero
Y guantes y bufandas
Así supe de Roma un jueves friolento
En Piazza Navona con vino blanco
Y muchas ilusiones

1978











FRIALDAD

Fuiste fría hoy
mañana cuando hablemos
caerá tu inevitable máscara
te invito al amor
como un comandante en retirada
de la vida
que sólo sabe de palpitaciones
estremecimientos
y caricias desiguales
mañana en la tarde
sabré entonces quién eres
cómo vistes
sabré también
cuál sendero dorado
cuál caléndula
cuál beso súbito
romperá la bruma
de mi eterna tristeza

Buttes Chaumont, París, 1978











ERÓTICA II

(prolegómenos a una posibilidad eterna)

¿Cuántos amores posibles no han deambulado
por la calle contigua a la memoria
de tus frustraciones ?
preguntó un viejo poeta a los jóvenes
kavafianos y lelos de Recife.

Era una tarde cuyo sol tenía viso
de ilímite llanura y perifrástico verso
entre vías
y hombres sin rumbo

¿Cuántos amores posibles no estarán
en la flor de tu labio
esperando buscándote quizás
para compartir una alborada de tu cuarto
y acariciar tus labios carnosos
con la gracia de los pelícanos ?

¿Cuántos amores no estarán hoy encerrados
en un apartamento
tomando un café mate o una aromática
sin imaginar que tú puedes ser
amante frontal
a la medida
de nuestros desconocimientos ?

Buttes Chaumont, París, 1978







MANIZALES


Para Francisco Noreña Salazar
No mártir de la revolución sino de la tristeza


Las calles empinadas fortalecieron mis pantorrillas
Aunque mis bíceps y dorsales quedaran en ciernes
Lindo era caminar por esas enredaderas asfaltadas
Al final de las cuales siempre había un bar amigo
O una Cleonice dispuesta a saludarte
Llovía y no estancaba en las aceras
Sino que se vertía por las faldas
El atrabiliario blanco de los tres nevados
Todo era bello entonces tanto
Que bajo las araucarias de la catedral más grande del mundo
Los sacerdotes y los comunistas
Encontraban santa una ciudad milagro
Y el alcalde entendía al revolucionario
Como la abuela la secreta mentira de la horizontalidad
No había pues infamia allí
O al menos así creíamos los que de ella
Fuimos víctimas.

Buttes Chaumont, París, mayo de 1979








MENINA

- movimiento lento y macarrónico -


La limpia menina brinca juguetona entre las chimeneas
de aquella ciudad desconocida
con torrecitas de cartón y campanarios de greda
ella todo azul bordado en el azore de cansadas abuelas
zapatea con sus tiernos mocasines de cedro libanés
la última enemistad de los grandes
Es un sereno presagio de campanillas macarrónicas
desafío a los tamaños normales
peinadita con dientes de carey
la menina saborea la mano de nuestros vecinos
o la tierra empantanada de los parvularios
ella todo brocado retró
enagua básica de seda
llegará por la noche a mover la campana
y a saludar el gozoso entrevere de los cuerpos durmientes.












ANCIANOS BEBIENDO A ORILLAS DE LA ALBERCA

Aquellos ancianos de bufanda grasosa
no saben subir por las liquenizadas
escalinatas de mi edificio
saben entre un murmullo de recuerdos
relatar la memoria de otros días atenuantes
de otras mesas repletas con copas
y tiernas caricias acrisoladas.
Saben saben de otro verde acariciando los paisajes
sin la trepidante hediondez de los camiones
o la desesperante alusión a la semilogía de los gustos.
Aquellos ancianos que vi tantas veces
entreverados en las paredes de la noche
discutiendo sobre un tubo filtrante
o una gotera inoportuna en el switch de la ausencia
sólo saben de aquel olor de la tarde
aquel paladear de viejos steaks
y los gastados lamentos

Esta tarde los he visto en la alberca
mirándome lelos
como si mis cintillas rojas adosadas al cuello
no fueran presagio de otro mundo
sino la incesante acusación de la sutil inocencia.





















ANIMAL SIN TIEMPO
(1993-2003)

























I


FUEGO DE AMAZONAS





























Máquinas al amanecer


Los dos en cierta luminosa morada
mudos por el esplendor del encuentro
desnudos sobre la alfombra roja

Mientras el nuevo día con sus pájaros verdes
golpeaba paredes blancas y un ajetreo de árboles
en el ciego instante removía las hojas del otoño

Ambos -conejillos de Indias- entre miradas nítidas
sin una palabra mirándose sobre lejanas músicas
extrañas olas de minutos -palpitaciones-

Desnudos como ciertas máquinas al amanecer
en su óxido innecesario -en su hidra repetida-
perdidos cual millones en el otro hemisferio

Mudos con venas a punto de estallar solitarias
para alargar la noche o huir del abismo
en la inútil quimera de impedir el desquicio
de añejas aguas -de petrificados aluviones-
que arrasan sin piedad cada milagro anunciado
en habitaciones como pesadillas de perfección
o en vanas estancias a donde se llega sin saber








Extraño mineral



El frío citadino invita
al viejo juego de las manos
cuyas líneas se leen entre cenizas

El austero sonido de la lluvia
o el crujir de la leña en chimeneas
acompaña su cántico de cuerpos

¿Qué extraño mineral de tierra fría
se inyecta en esos albos senos
poblados de venas sin latidos?

¿De dónde viene la furia de esos besos
sobre la paja de un establo
que ni un solo caballo ya recuerda?

El hielo de la noche resucita
inquieto en el instante de su encuentro
mientras explota el grito de la hiena
Y se diluye en sombras ese cuerpo
con sus muslos enhiestos en la noche
contra manos que buscan yacimientos

¿Dónde encontrar razones vegetales
y líquenes en ciertos intersticios
rellenos de muerte agazapada?

Nada ha ocurrido aquí donde todo sucede
en décadas sin nombre ni destino
que aúllan de soledad en las esquinas

Cada sombra partió hasta su sepulcro
y seguirán partiendo hacia sus tumbas quienes
pueblan noches hastiadas de cuchillos




























Fuego de amazonas


Una serpiente cruza la manigua
y vapores de tarde humedecen las pieles
de quienes huyen entre el verde follaje
cargados de alacranes sin ojos y con venas

Una mulata boga hacia la ciénaga
donde moran las iguanas de su inútil deseo:
enormes y fugaces reptiles averiados
que chillan en almohadas

En el catre marcado por los cuerpos
hallará la paz de las espinas
y un mordisco en la nuca hará brillar sus ojos
de loca en el sanguíneo crepúsculo

¿Cuantas manos recorrieron sus muslos
donde perdidas bocas signaron su derrota
ávidas de un placer que nadie anota
en la vieja bitácora del uso?

Las boas a lo lejos atisbantes se yerguen
cascabeles resuenan en la negra hondonada
donde las aves muerden sus pescuezos
y perecen ahogadas en estanques

Ningún amor se escribe con palabras
cuando el loro repite maldiciones
de marineros lúbricos tras negras
entre insaciables cánticos de insectos







Ars mexica


La oscura india con sus gruesos labios
nombra los secretos de su raza
junto al soporte ritual del sacrificio

En el moderno templo de antropología
niños de la noche prehispánica
corren avorazados entre mariposas
tras sus piernas de piedra semiocultas
por la extremada minifalda

Habla con la seguridad de su belleza
su firme seno entre la blusa verde
mientras el sol de julio cruza las ventanas
y roza los pies de la Coatlicue

Negra y porosa la piedra del Popocatepetl
labrada en su delirio por Mexicas
absorbe su docta clase autóctona
en la lengua brutal de su Cervantes
Aceites de su piel indígena
humedecen las rutas de su cuerpo
y Tláloc -Dios de lluvia- languidece
entre secos arbustos que se encienden








Lecho de daturas



La araña de su cuerpo dorado
sobre el túmulo de seda
convoca a cierto rito de esta carne

Uno a uno en su lecho de daturas
conoció la mirada de cristales
la febril inyección de su veneno

Cada quien esperaba en la ribera
el signo de su feroz llamado
y locos cual súcubos volvíamos

A devorar su cuerpo y a gritar en la sombra
la dicha de ser nadie entre sus brazos
ajenos ya al bullicio de los puertos















Nubes devoradas



Nadie en la vieja estación abandonada
verá su rostro hundido en la penumbra
junto a la tumba sin busto sin lira ni laureles

Obstinada en la tarde la mujer vaga sola
y su olor se dispersa en los jardines
donde sus largos muslos inquietan tulipanes

Antígona con nubes devoradas
su aroma para nadie en un estanque sin horas
Ifigenia de fuego su carne enloquece al pez espada

Visiones que los tiempos no diluyen ni sacian
de esas hembras nupciales en sandalias
cubiertas de sudores marinos y aroma de daturas














Felina bestia



La palabra mujer trae su aguja
y cada monje lívido en secreto
el venablo recibe entre sus cánticos

Cuando la tarde es gris y huracanada
en los lejanos valles y las sierras
misántropos se inyectan el narcótico

Nadie pinta en el bosque a la felina bestia
que ruge en las cañadas cristalinas
sólo espera su garra sobre el cuerpo

Los viajeros perdidos que buscan la granada
o beben de líquenes o musgos
mueren de sólo imaginarla entre sus brazos.














Intemperie



Abajo la ciudad con sus luces cruzadas
contra la bruma suave entre los cerros
y una mujer tiritando de frío
Ídolo fugaz de religiones muertas

Los minutos sonaban como palpitaciones
de un pájaro ancestral con alas de beduino
mientras arterias locas de sangres disparadas
unían cuerpos entre aires de estepa

Diosa de sol perdida en plenilunio
negra y menuda maga simultánea
inútil garra sin felino ni presa
en la helada intemperie lunática















Asalto nocturno



El asaltado grita en la gélida noche
y rueda por escalas nauseabundas
donde un cráneo vierte la sangre de la patria

Sus gemidos ascienden hasta el Hotel del Parque:
en el 604 un hombre tembloroso inhala paranoias
y muerde sus almohadas entre oscuras cenizas

En un mar de cemento tapizado de líquenes
el moribundo extiende su mano hacia la nada
y los amantes lamen los muslos del hastío

Gritos en las esquinas de locos drogadictos
en el espacio de la ciudad maldita
recuerdan al poeta la triste letanía

Del ciervo asesinado o la ninfa desnuda
cuyos líquidos solos como muros de llanto
colman huecos parduscos de alegres calaveras










Valery Larbaud en Cartagena


Valéry Larbaud pernocta en Cartagena
y en el Hotel Colón mastica sus murallas
mientras Fermina colecciona relojes
traídos a su estancia desde Brujas

El motivo es su amor por la marquesa
casada ya y cuyo esplendor se agota
en terribles silencios y dolores
calmados por un clown con anestesia

Monsieur Larbaud delira entre sus ánimas
nombrando calles y cañones mustios
atado a la quimera de un ido amor
cuyas cenizas viajan a Goa en trasatlántico

La noche volverá a sus aposentos
donde el confort no calma sus tristezas
y la imposible bella sólo será la parca
que hace mucho trenzó su inútil pluma











El amante


No es el primero ni el último
pero teje su vida con palabras
que son algo veneno y otro tanto son miedo

Es el iluminado príncipe loco viudo
que explota en puentes sobre ríos muy mansos
por avenidas de ciudades ancladas

Preso por la desnuda que anuncia el nuevo invento
mientras cinco patrullas recorren extramuros
con estranguladores e infames cuchilleros

Tiene ojos desorbitados cigarrillo entre dedos
un trago en cierta esquina sobre barras untadas
es el desconsolado con cabellos estúpidos
transeúnte en la noche con su cuerpo de fiera

¿A dónde va? ¿Quién es?
sube escaleras de edificios enfermos
y mujeres lo esperan entre músicas
listas a devorarlo atadas a leyendas
de libertinos en castillos de sexo









Volver a estar lejos

Volver a estar lejos
capas concéntricas de lejanía
lejos de donde estabas lejos
Un mar como foso o muralla
y desde una torre gritar contra la mar
Lejos siempre imperceptible
fantasma de viajero que huye
y huirá hasta el fin
¿Huir de quién? ¿De qué?
¿Quién eres? ¿Un espectro?
¿Una máscara? ¿Una ficción?
Arido como un cactus
resbaloso como un líquen
oculto cual musgo
de donde bebe el eremita
En el último lugar
lejos siempre lejos
lejos de donde estabas lejos
Lejanía concéntrica y laberíntica
Hasta no ser

Paris, 1998








Después de Aleshinsky

Afuera una muchacha blanca
cabellera negra
traje rojo y labios fucsia
de espaldas al obelisco egipcio
y a los Campos Elíseos

Más allá el Grand Palais
enorme pastel centenario
bajo el sol de septiembre:
último destello del verano

Ante ella “velar por la respiración
hasta el último suspiro”
luego de ver a Aleshinsky en el Jeu de Paume
con sus plumas y sus frascos de tinta
calígrafo inventor de muchachas

La bella escarba en su bolso
y después hojea el catálogo
en los viejos bancos verdes del deseo
sin saber que la devoro con palabras
mientras su pelo desordenado
vuela y juguetea con el mes de septiembre

Una mujer color fucsia pronta a flotar
entre sedas y elevarse a la luna
Orquídea de fuego olorosa a cuerpo necesario
a fértiles aromas de silencio

Todo después de Aleshinsky o antes o nunca

Paris, 22 de septiembre 1998












Respiración y otoño



Hay respiración, hay viento otra vez.
El devaluado crepúsculo vuelve a tener sentido.
Un primer halo de otoño asoma por la arboleda.


































Mirada y hastío



¿Ha desaparecido el hastío?
¿Dónde se esconde ahora?
¿En algún pliegue de la carne
junto a sucias atarjeas?
¿Mira acaso desde el Obelisco egipcio
o acecha en el Jardin des Tuileries?
El hastío está junto a los que se besan
o tras perfumadas mujeres cuyas faldas vuelan
seguidas de cabelleras negras
El hastío puede estar escondido en el sol
y en el estupor de palpitar y amar
cualquier tarde de otoño

Paris, 1998







Primera tarde en Rabat



Cae el sol sobre el verde y arbolado Rabat
ondea la bandera de la patria lejana

Cantan los pájaros

Las rosas de Marruecos
esparcen su inconfundible aroma
Intenso es el mensaje de sus pétalos

La sabia arena del desierto
impregna todo de calma

Cipreses
Araucarias


Rabat, 1998











Paso por Coimbra



Fresco aire de Coimbra bajo el sol.
Caluroso aroma de la tarde.
Luminosidad y palmeras bajas ante el firmamento.
Todo ello cruzado por el tren Oporto-Lisboa,
fruto maduro de añejos sueños.
Pese a que intentaste besarla frente al Duero,
la bella ha aceptado viajar contigo hacia Lisboa.
Entonces el vagón está lleno de complicidad y esperanza.
La colega de oscuros lentes escribe cartas de amor
y Portugal ya no es sólo un nombre lleno de mares
y ruinas espléndidas.
Su cuerpo delgado latinoamericano sabe a Coimbra
y se conjuga y se bebe con translúcido Oporto.
El cuerpo de la viajera con camiseta blanca,
jeans y sandalias, levita en la tarde de Coimbra.
Y el corazón ardiente vuelve a pulsar
con la energía de cierta arqueológica adolescencia.
Entre su aroma también escribo cartas de amor y poemas.
El aire añejo portugués vuela sobre la planicie
rota por chimeneas de abandonadas fábricas
o impregna la maleza que repta entre rieles.
¡Antiguo es tu nombre, Coimbra, como antigua la palabra amor!
Mansa la plenitud de la tarde, cuando se bebe
el inmerecido milagro del viaje junto a la viajera deseada.
Las palabras no bastan para cantarte entonces, Portugal,
si tu sonido viene acompañado del deseo.
El corazón pulsa ante el antiguo esplendor
y por los vagones
el aire embriagante de viejos vinos se adueña de ti.
¿Es eso amor?
Viajas a lo soñado a través de la eterna huida.
Y la palabra Portugal se conjuga con los labios de la viajera.
Y la noción de imperio marino viaja entre sus brazos.


Tren Oporto-Lisboa, 1998























Tour/Retour



I
El extraño recurso de volver a la llama
para probar fortalezas de tensa piel vivida
y tras la prueba recorrer espacios proyectados:
la iglesia barroca de Santo Domingo
donde fluye la música del juicio final
entre sus propios torcidos caracoles
o la calle de comienzos de siglo aún más vieja
cubierta por la luz de este 15 de junio
donde pululan vendedores de baratijas y serpientes
y pasan cuerpos con cientos de hormigas inyectadas



















II

Es otra vez el túnel y la arteria
el conjuro que brota de los murales de Rivera
cubiertos ya por vendas y gasas profilácticas
aptas para curar toda enfermedad de la belleza
entre un olor de químicos que disuelven
la herrumbre la terrible infección de los años
Y allá las monjas coronadas
entre sótanos recién levantados
y ese olor de tierra prehispánica
mientras los albañiles juegan dominó
y se dejan desear por viejos homosexuales



















III

Hacia la plaza de Santo Domingo
la casa donde murió Manuel Acuña
y junto a la pared los cuerpos incapaces de ignorar
a los transeúntes sonámbulos con aire de momias
los cuerpos de quienes se poseyeron y con necedad
vuelven a recorrer la huella de su loca tropelía
la piel como un perfecto hallazgo
cada poro exacto en su reacción cada negro cabello
cada diente cada pequeño pliegue consumido
cada saliva cada olor buscando su volátil reacción
por las escaleras del caótico hotel Altazor
o por la vieja Aduana y las arcadas coloniales
y los edificios de los años 20 aún no restaurados
donde en un balcón hay plantas florecidas


















IV

El torturado fuego
las llamas de la Santa Inquisición
deseosas allí como hace 300 años
o los fantasmas de la monja o el abate
que cruzan sin pisar
volando hacia una epifanía de gritos de candela
mientras el condenado expira
con su piel hecha de carbón solitario
humareda de carne calcinada
pliegues que brotan
y dejan ver vísceras sanguinolentas
entre curiosos que vuelven
a su vieja diafanidad de nada



















V

En la calle Belisario Domínguez
junto a pequeñas imprentas
de tarjetas inútiles o invitaciones a bautizos
de niños recién asfixiados
otra vez corazones palpitando
cuerpos entrelazados manos atadas
risas bajo las cúpulas
y luego
el extraño recurso de volver a la llama
para probar allí la fortaleza
de esas tensas pieles condenadas
el eterno retorno como un enorme discurso de tuercas
invadidas por violetas
el sabor intacto de esas bocas
el aroma de esos cabellos
que ya no son los mismos cabellos
de esas células que no son las mismas células
pero que se acomodan al molde de su única derrota
poblándose de vendas con la inyección fija y persistente
en fatigadas camas de ruinosos hoteles citadinos

Ciudad de México (1990-1993)


















ANIMAL SIN TIEMPO
(1993-2003)



























I

VIAJES



























NADA PERPETUA

Eneas: no llegaste aún del largo viaje
no fundaste ciudad alguna
ni amada tuya se incineró en la playa

Observa a las gaviotas volar tras la nao
a los peces juguetear sobre las espumas
o escucha el silbido inteligente de los delfines

Nada quedará de tu aventura: sólo cenizas a tu alrededor
vuelve entonces a tus orígenes aunque sea tarde
y chilla en la aldea o en tu proa de vanidad

















VOLVER A ESTAR LEJOS


Volver a estar lejos
capas concétricas de lejanía
lejos de donde estabas lejos
Un mar como foso o muralla
y desde una torre gritar contra la mar
Lejos siempre imperceptible
fantasma de viajero que huye
y huirá hasta el fin
¿Huir de quién? ¿De qué?
¿Quién eres? ¿Un espectro?
¿Una máscara? ¿Una ficción?
Árido como un cactus
resbaloso como un líquen
oculto cual musgo
de donde bebe el eremita
En el último lugar
lejos siempre lejos
lejos de donde estabas lejos
Lejanía concéntrica y laberíntica
Hasta no ser









DOLOR

Cuál otro dolor más intenso que este
cuando para abordarlo se te otorga
la más absoluta lucidez
como si de repente se te dotara
de los más amplios y vastos sentidos
de las más agudas e implacables sabidurías
Así el dolor es más eterno
la herida más amplia
la amplitud del desastre más devastadora























ARENA

Sanar Curar Aliviar
el dolor imposible en el alma
la herida aún más intensa
o la prueba el examen
del más alto demiurgo
implacable en sus signos
mas frios aún
que el más helado iceberg antártico
¿Desde dónde te prueba y te examina?
¿Adónde quiere llevarte?
¿Que ley pretende revelar entre la arena?






















CONEXION DIRECTA

Conexión directa con el misterio
iluminación permanente de la saudade
Bebes ya el estupor de lejanos siglos idos
y viajas por el país de los viajeros
al lado de Vasco da Gama y Magallanes
Tantos mares y otros siglos reposan
lejos de lo innombrable
aquello que nadie osa decir
Voces fantasmales de viajeros
ajetreo de puertos
inestabilidad de las naos
fatiga de los rieles
humareda de trenes para cuento
pátina de siglos en paredes salitrosas
En la arboleda tupida
en los maduros viñedos
en el barro rojo
en las espigas ladeadas
en los depósitos de cables y vigas de Soure
en los silos de Soure
suena el timbre de las estaciones
Trigo pino chillido de la locomotora
arbustos enanos como rebeldes calcinados
aún suplicantes desde el fuego
mientras el buey bufa y huye con su pesada carga
de tallos retorcidos
Y el sol desde siempre nutriendo tierras
y campos horadados por la cruel herida del cemento
Conexión inmediata con el estío
y el ocre amarillento de la vid y la humildad de la huerta
cementerio de llantas negras y muertas
castillos medievales de Pombal
Palacetes verdes y buganvillas de verano
techumbres de Leja rematadas por agujas
cabras besos viento
besos muerte carne
deseo besos nubes nada
convocados por el demiurgo ebrio que se esconde
entre derruidas tapias y roba calabazas que maduran
en corredores mientras el loco esquizoide
Rui Manuel da Silva pide limosna para su madre enferma
Conexión inmediata Conexión inmediata
que cruza puentes y túneles de V. Franca de Xira
El público agolpado en las estaciones
y el Tajo por fin amplio suave salpicado de mansas aves flotantes

Tren Oporto-Lisboa, 20-X-98












TRANVIA FANTASMA DE LISBOA



con sonidos eléctricos de otro siglo
emitidos por almas naufragadas en Atlánticos
Fantasmas de Chiado
armatostes dinosáuricos
que bajan y suben por callejuelas
asustando al niño que aún nos queda
Juguetes absurdos de un demiurgo loco
frente al Tajo y el mar
Tranvías de Lisboa
desde Govea do mar os veo subir ágiles
y bajar desbocados y locos
Ha llegado la noche
los últimos gajos amarillos
magentas ocres azules del crepúsculo se han ido
El tranvía 28 de otro siglo da paso a uno moderno
y luminoso cubierto de publicidad
Adentro del 28 hay luces de otro siglo
en el nuevo neones de clara realidad
Por el Largo do Chiado
suena la noche y se desliza el tiempo como aguas de lluvia
agujas de muerte
anestesia de la tarde
¿A donde van los lisboetas?
¿Dónde quedó el Imperio?
¿Dónde está el Marqués de Pombal?
Hay una locura en estas calles
Un desafío al futuro
permanencia de antiguos desgarramientos
y por eso los rieles siguen ahí como siempre
lisboetas irónicos
rápidos en la subida raudos en bajada
seguros como viejos y expertos mayordomos del desastre.

Lisboa, 21-X-98






























¿CUAL RUMBO?

¿Cuántas veces estuvo uno perdido al borde del fin
en la cuerda floja ante el pantano
acechado de cocodrilos y serpientes
O en el desierto amargo
seco temblando de frío en la noche
cuando duermen los alacranes
Sin rumbo alguno joven frágil como la infancia
O en el miedoso caos dominado por fuerzas extrañas
tanto del terrible bien como del mal
Larga vida esta llena de extraños recodos
remolinos
apuesta diaria ante el ciclón
en medio de la balacera arrastrándose cerca de la muerte
halado por ella hasta el origen
Larga sombra a punto de tirarse al río
o dispersarse o correr desolada
corroida por la imperfección del amor
Así cada día una nueva acechanza
la selva la trinchera
Y así sobrevivir una década tras otra
¿Hasta dónde?
Primero rodeado como una extraña joya
mimos peligros mimos
caricias besos
Después solo perdido en el bosque encantado
Y al final viendo idéntica zozobra en los nuevos
sabiendo su larga e inútil carrera
su vasto camino
Y uno ahí tierno y viejo amoroso
con una lágrima en la mejilla
niño final muchacho siempre
hombre mujer animal espíritu
frente a la avenida mojada
los carros pasan todo pasa
otra cerveza
vida aún respiración pálpito
ciudad iluminada en la noche



























REGRESO A TROCADERO

Es 13 de septiembre de 1998
475 días antes del año 2000
Trocadero está nublado y frío esta tarde
tras de la exposición
¿explosión?
de Boltansky
Escalofriantes fotos de adolescentes suizos muertos hace tiempo
adosadas a puertas de sarcófagos uniformes de metal
Camas cubiertas de sábanas blancas como sudarios
bajo el neón de la anestesia
lechos enfermos catres gélidos
Ropas viejas con olor a tiempo ido
a sudor fiebre muerte
Objetos perdidos cascos sombrillas radios zapatos
paraguas llaveros bacinicas carteras
botas relojes bastones radios
paquetes envueltos en celofán
Cámaras fotográficas muñecas abrigos para niñas
autos de juguete bolsas de dulces corazones perdidos
vidas perdidas tiempo perdido
Es domingo y en lo alto de la Torrre Eiffel
parpadea la gigantesca cuenta regresiva
475 días antes del año 2000
Por el oeste sale un breve destello de sol que golpea la mole
y desaparece entre sus hierros como un espejismo de bronce
En el Museo de Arte Moderno
al salir de la exposición de Boltansky
un video muestra a cierto hombre que tose sin cesar
y se ahoga en su sangre
consumido por una agonía interminable

Paris, 1999










































II

TIEMPOS NO SOLICITADOS

















LA LEY

Un día ya no habrá nada
ni siquiera el silencio más atroz dejará sus murmullos en el hielo
marcados como huellas de olvidados vestigios prehistóricos
o minuciosos caracoles fosilizados en rocas polvorientas.
Un día la imagen se irá difuminando en quienes alguna vez nos vieron o nos poseyeron un instante
Hasta cuando ellos también se difuminen en la niebla de las montañas frías
como apariciones de abuelos asesinados.
La extraña Ley está ahí y palpita en el viento que viene y se choca entre callejones
delimitados por casuchas donde agonizan tías ocultas
y crecen niños cada vez más dementes
cada vez más absurdos


San Cristóbal de las Casas, diciembre de 1994













TIEMPOS NO SOLICITADOS

Ninguna niebla ni siquiera la oscuridad de una tarde húmeda en las alturas de una perdida sierra
Evitarán el dolor de irse poco a poco, día a día, hacia los despeñaderos
Tampoco el sol turístico del mediodía en una ciudad colonial con indígenas descalzos aleja el péndulo afilado que rebana cuerpo y alma
Brotan por las calles réplicas de lo que fuimos hace décadas, iguales en su inocente caminar hacia lo mismo, o hacia donde ya llegamos más sabios o más tontos
Nos miran con la misma pátina demente sobre sus córneas húmedas de primeriza aventura
Extrañados de vernos aquí en su espacio delirante, bajo una luz que es diferente para ellos o para nosotros
Cruzan por las calles y sonríen a los vendedores de artesanías, sin saber aún el largo camino hacia la nada, ajenos a sus próximas arrugas o despechos
Y nosotros como en una nube, experimentados a causa de tanto repetir amaneceres y dichas o fracasos y triunfos mínimos sin sentido
O tal vez más inocentes que nunca, más niños que nunca a medida que llega el fin
Anclados en tiempos no solicitados a nadie
Promovidos por la inercia y la suerte hacia lejanas edades trasegadas
Sin saber que ya caímos hace mucho tiempo en algún recoveco del viaje interminable.


San Cristóbal de las Casas, diciembre de 1994





HUIDOBRO EXPRESS

En fin preguntémosle a Vicente Huidobro cuál es la
puerta
para huir de la espantosa medianía de estos tiempos
donde cada quien fabrica su pequeña celda
comiéndose las uñas
las piernas juntas
los labios
pálidos
la cara de idiota
aterrorizado por la posibilidad de escribir a gritos
que un caballo blanco ha sido castrado en el establo
mientras el palafrenero sodomizaba a la tía Carmela

En fin indaguemos sobre los necesarios precipicios
por donde se despeñan los poetas que osan
pasar al otro lado y dejar para siempre
el tan manido crepúsculo
el alba
las palabras inútiles
que extraen de ajados diccionarios y de preceptivas infectas
ayunas de caballos descabezados que vomitan estrellas
y explotan como petardos de lava entre alacranes

En fin busquemos en un extraño yacimiento prehispánico
vasijas rotas y húmedas en cuyo interior brilla
el fuego fatuo de la infancia o la voz incontenible
de un viejo loro de cuatro patas que canta pasodobles
allí en ese patio de magnolios y nísperos y brevos
donde otrora palpitaba el pitecántropo músico
con sus rituales tambores de agonía
presagiando esta miseria

En fin señor Huidobro por dónde caminar ahora sin resbalarse
cuáles las formas los oráculos el abracadabra de nuestra poesía dónde los túneles
las criptas
los mágicos sarcófagos
que propiciaban tu delirio intacto de gardenias
dónde por favor dónde señor Huidobro






















PEYOTL

Un gato cruza transparente sobre sofás de líquido
la noche viciosa estalla sobre muelles
y un huracán destroza las horas del desierto

Anclada al colchón en las heladas noches del Ajusco
la nube vuela en un tifón de imágenes

Elásticos minutos o días interiores se diluyen
sobre vanas paredes con ventanas sin perros
y un ojo en el abismo sobre la urbe loca
salta de techo en techo como bola de goma

Ciudad de México, octubre 5 de 1992




















CADAVRE EXQUIS

El muerto allí como un extraño payaso inmóvil
las manos puestas sobre el cuerpo
inánimes
mientras flores olorosas a fin lanzan sus agujas
sobre cada doliente
contra cada mujer desmemoriada
entre lágrimas de un extraño albor perla
donde se reflejaban sus muslos de aceite
sus contorneadas pantorrillas envenenadas por deseos
recién devoradas sobre sábanas como sudarios

En diagonal un bosque de tallos húmedos
y el muerto en su catafalco de maderas olorosas
tragándose 77 años de vida en un sólo instante
maquillado por crueles necrófilos de levita
entre un tintineo de ambulancias como espinas
y un mar de tías viejas y primos desconocidos
con esa marca innegable de familia en abullonados sofás
y una voz en la capilla mortuoria
una voz endomingada
sacando a relucir sus carcajadas sobre baldosines




En fin el muerto ahí presidiendo la fiesta
entre vástagos atolondradados con valeriana
asfixiados por campanas de bronce fundido
deseosos de ahorcarse ahí mismo entre el bullicio
cuando el burócrata de funeraria anuncia
que todo ha llegado a su fin
y es necesario desalojar la sala pues otro
recién embalsamado viene en camino
para su última faena
























PREDICCION DE LA RUINA

El niño vuelve desde sus cenizas
por caminos oscuros entre ángeles
y toca en esa puerta abierta
en pos de una mano que lo salve

Llueve ese martes sobre los aleros
y un viejo de otro tiempo enciende
el griterío de primos en los patios
donde aún huele al guayabo de otro siglo

A lo lejos las campanas suenan
como heridas en la llaga eterna
de quien vuelve a remover la noche
en estancias con madre sepultada

Por zaguanes de madera vieja
gimen abuelas con su misa a cuestas
y un olor a café sana la herida
de una tía solterona y loca

El desván del misterio está cerrado
y en su polvo el patriarca se revuelca
al recordar espadas y medallas
de un tiempo hace mucho ido

En el umbral la sangre del ahorcado
y en salas sin fin ese chillido del loco mudo
cuyas primas deseó mientras sus novios
las besaban tras puertas corredizas

Ha vuelto el niño y las maderas crujen
como si savias nuevas inundaran túneles
que el comején cavó en el otro siglo
cuando el país apenas era un sueño

Sábanas limpias con olor a flores
cama de bronce y un quinqué en la noche
saludaron la recién casada
de un joven padre soñador a cántaros

Y ya viudo el miró hacia los volcanes
con la triste certeza de ese ciclo
que Shopenhauer le enseñó en Saint Moritz
junto a fogosos billaristas liberales

Los eclipses pasaron y la niebla cubrió
ciertas estancias donde abuelos
jugaron a las cartas y bebieron
mientras alguien tocaba la guitarra

Los terremotos derrumbaron todo
y luego el incendio convirtió en cenizas
el castillo de azúcar y amargo chocolate
donde ese niño errante descubrió el tesoro

¿Cuál tesoro buscó entre la maleza
junto a las lagartijas y los caracoles
bajo un oblicuo sol de junio
que resaltaba el verde de la tierra propia?

En un cajón de plomo sellado por piratas
¿monedas de oro halló con efigies reales
esmeraldas sin fin entre sortijas
o pergaminos con letras góticas y señas?

En la colina de suaves y lustrosos prados
junto al naranjo, el magnolio, o ese roble
habrá cavado solitario y dulce
tras un abracadabra con respuestas claras

Y el implacable tiempo desbocado
en un paraje extraño sin castillos
revelará sus secretos al joven
cuya mirada rompe las cadenas

¿Dónde está aquél anillo de rubí perdido
entre ajetreos solos marcados por demiurgos
que el viajero encontró entre los aceites
de una estación de tren abandonada?

¿O la llave oxidada de extraños portalones
descubierta entre muros de bahareque
tras baúles viejos con cabellos raros
de doncellas azules como hadas?














PAROXISMOS

Domingo triste sin gato ni bandera
vacío tiempo entre agotadas lámparas
donde el poeta cava trincheras sin batalla
para huir en la noche hacia la infancia

Un temblor casi onírico fabrica sus cristales
cuando perdidas lágrimas desgarran interiores
de un joven viejo a punto de sus ruinas
perdido en cierto bosque como Caperucita

La máquina funciona a pesar de crepúsculos
y helados lustros que anestesian su carne
con bálsamos untados en tiempos de batalla
cuando el otro es la sombra que nos canta la muerte

¿Dónde está el gato ahora en qué esquina perdida
ausente de sus novias de rojo pasajero
maullando a las esferas de tiempos asesinos
que fluyen y se inundan de años peregrinos?

¿Dónde sus interiores ajados por los años
esos años terribles que quiebran manecillas
de lúdicos relojes o destrozan infames
castillos de azúcar y negro chocolate?

Un viejo diplodoco lloró estas lejanías
cuando el volcán de fuego desperdigó la muerte
mientras el animal moderno acaricia su lava
y perfila su fósil a punta de cenizas.








BESTIA SOBRE ROCAS

Extraña furia sin arcoiris
Rabia total bajo la lluvia
Fuego convocado en el aire
Con rugidos felinos en el alma

¿Cómo decir la insurrección de la criatura
Mientras uñas afiladas trazan letras sobre musgo
Y petroglifos gritan hacia siglos
Entre deshielos de montañas nevadas?

Otra vez el guerrero con su hacha lista
Parado allí en el pico gélido de la cordillera
Sobre un paraje de tormentas eléctricas
Y el ruido del trueno sobre los cañones

Arboles sin raíces contra el precipicio
Plantas barridas por el viento
Hombres desnudos con ojos desorbitados
Atrapados en cuevas prehistóricas

O mujeres desnudas con sus manos al aire
Cubiertas por la empresa del lodo
Mientras la tromba arrasa chozas y linderos

¿Dónde la luz al otro lado del túnel?
¿Habrá un remanso para la fatiga
En intestinos secos petrificados?

¿Alguna esperanza para la bestia herida
Que huye sin saber de qué ni a dónde ni por qué
Con los pies sangrantes devorados por sanguijuelas?








ANIMAL SIN TIEMPO

Ahí el animal en fuga de sus propios gerundios
la flor escalofriante junto a sus sinalefas de hielo
y un paisaje listo para ser pintado por el robot
desde una torreta rodeada de proyectiles

Un mecano solitario para extraños vestigios
de bestias acorraladas
víctimas de su propio invento milenario

Ahí la sanguijuela desesperada
hambrienta de su sangre
Chupándose a sí misma en pantanos resecos
cerca de cañones por donde bajan aguas volcánicas
en una hedionda profusión de azufre
Trogloditas modernos cazadores de tarántulas
en la extensión amazónica
con la malicia la cruel alegría
de comerlas asadas junto a cráteres

O enormes vestigios de lagos prehistóricos
extraña tranquilidad de mares vegetales
bajo la humedad de una larga temporada de tormentas
aguas saladas en los ramajes colgantes
entre un verde total sin floraciones ni pájaros

Sólo el animal perdido en el tiempo
tiritando de frío cuando llega la noche desolada
con su huracán incesante sobre ríos crecientes

Ahí la bestia rumiante el pájaro con su presa
la hormiga errante la flor carnívora
listos todos para ser dibujados por una máquina
con sus aceites frescos su mecanismo intacto
Desde los milenios desde las fundaciones.










































III

MÁSCARAS


























LORD QUIJANO

Chaplin de medianoche con bombines
luz de charol en oscuros salones
donde el bastón aúlla hacia sus cedros

Calles adormecidas por el tedio
lo ignoraron cuando voces súbitas
emergían cual losas de su fatal océano

Idioma sin público ni aplausos
su tránsito buscó entre las levitas
brilló la luz en su rebelde estro

Ajado crepitar de sus polainas
caballos veloces sobre nubes
cubrieron su batalla sin aleros

Musgo febril en tejas españolas
alimentó su noche de tormentas
su nada para nadie en la luna perpetua




HERRERA Y REISSIG SE ARROJA AL TEQUENDAMA

Sin París al ojal ni Roma en su chaleco
hacia el fondo su cuerpo destrozó mariposas
y se rompió en la piedra de color antiséptico

Fantasmales pegasos en extrañas galaxias
saludarán la eterna sinalefa poética
y una palabra más convocará quimeras

La inquieta esfera sideral taciturna
bajo efecto de alcohol ardiente como nieve
os llevará al centrípeto crisol metafórico

Y explosivo y astral panteón de palabras
retendrá tu delirio bajo la tierra antípoda
donde la Cruz del Sur llorará sus estrellas

















AQUI PICABIA

El cerebro es redondo y en su piña
almíbar contendrá la fuga elástica

Tiempos de no creer y no reir tampoco
propiciaron su asno iluminado

un número insensible de toneles
atlánticos cruzó desde su pista

Mas no llegó como Crevel a sus acuarios
sino que se vertió en sus hipocampos

Golf en Madrid Equitación en Austria
banderas no cargó mas sí sus astas


















CARDOZA Y ARAGON HA MUERTO

El sol de septiembre en el poniente
intenso entre las grises nubes
y la llovizna tenue sobre el dulce
el payaso, la novia y la bandera

La vieja melodía del organillero
junto a la Catedral de Coyoacán en vilo
subraya la ausencia de quien sueña
en el río fugaz de Guatemala

En una fecha heráldica y arcádica
Cardoza y Aragón ha muerto
y sus ojos con malicia cantan al viento
que llevará sus cenizas al Ajusco

Cuando muere un poeta muere el mundo
el poeta es de aire y de palomas
más cristal más palabras más misterio
contendrá el anagrama de su natal antigua












BORGES EN LA OLLIN YOLIZTLI

El ciego con su baston al aire
huye por la avenida de neones
y vuela en el tapiz de su silencio

De rodillas cinco jovenes gritan
« Gloria eterna para usted, maestro »
y una explosion de luces capta para siempre
su imagen con reptantes consagrados

Enfermos con sus llagas del espiritu
se arrastran sobre el suelo citadino
los que no tienen Lazaro ni dios
y entre el gentio buscan el tacto del eterno

Por la calle mojada los lectores
lanzan al viento soledades
provocando la extrana sinalefa
del sabio que tose y rie entre la nada.













VICENTE GERBASI HA MUERTO


Los huesos de su padre quedaron a la vista
mientras el fuego fatuo anunciaba esa pena
de resignados hijos en eterna agonía
al iniciar la vida de huérfanos espectros

El calor infernal en la extraña manigua
asumió sus infiernos de leyes irrestrictas
que ahogan a los deudos con el whisky
o hacen dúctiles hembras a viudas desoladas

Un viejo en el portal saludó a su inmigrante
un espectro de azul se elevó hacia los cielos
y en cafetales húmedos peones asesinos
morderán sexos locos de núbiles muchachas
















COLIBRI/SARDUY


Castellano en sus rosas sepultado
do inútil vegetal su savia extrae
alada sombra diminuta y frágil
con palabras untadas de amatista

Burdel con ballenas y gacelas
consumido en perfumes de lujuria
émbolo azul de aceite entre velámenes
pardo clamor de bestias sin destino





















MILTON NASCIMENTO EN EL LINCOLN CENTER

Una voz en las criptas del océano
recorre musgos milenarios sobre rocas
que otrora sirvieron de lienzo al pitecántropo

El grito del ahogado insomne
cuyas carnes devora el narval manso
en un mar gris sin corales

Algo así como entrar al Leteo amazónico
y reconocerse en el canto de ciertos manatíes
o en el eco de voces insepultas

La absurda fiesta de los náufragos del Titanic
se detiene ante esa voz futura
cuando pasa adosada a los vientos del norte

























IV

PAPELES DEL LOCO
























I

¿Es el poeta una extraña antena superpuesta al volcán
o acaso un payaso solitario derretido entre sus colores
o un caballo enfermo con su mirada grisácea
hastiado de sus palafreneros ebrios entre estiércol
junto a cascadas con canoas lejanas en caída libre
como ocurre con el poema flecha herida bala rayo ruptura?

























II

Todo joven poeta algo disecado espera su busto
en tristes plazas cuyos mendigos ciegos sueñan
castillos espaciosos de cristal de Murano
imaginados en leprosarios asiáticos por budistas
y nada ni la luz de la amada que lo convoca deslíe
la pútrida electricidad cósmica de su propia quimera


























III

En la humedad de estaciones heladas de esquí
o en la primaveral cristalinidad perlática del riachuelo
fluyen estados de ánimo en superficies de flor y lodo
y con palabras incrustadas en cuevas paulatinas
se oye el sonido de las imprecaciones acuosas
la goteante liturgia de la lluvia y su poema


























IV

Poeta hombre precipicio violeta flor campo
roca velo de seda cadmio azul arcoiris luciérnaga
¿Qué dicen sino su propia luminosidad antes
del precipicio por donde caen hacia un remolino
o tal vez la radioactividad de una civilización indeseada
presa en la colisión de dos galaxias exhaustas?


























V

Cosas colores paisajes sol noche
ciudades esquinas pozos aljibes torres
adquieren extrañas connotaciones para infectados
si son poetas jóvenes apenas iniciados
al extremo ritual de concretas paredes
cubiertas de líquenes y musgos desleídos

























VI

El poeta recién horneado o el que se desmorona
fue extraido de un yacimiento magmático
y los materiales que lo conforman no desaparecerán
con su fin: sólo se diluyen en gemas reales
acumulándose en baúles incrustados en baluartes
como tesoros legendarios para ninfas

























VII

Estalactitas musgo veta coral perla malaquita
ónix rubí perfume agua de colonia estrella de mar
reflejan estrellas desaparecidas sobre hojas de otoño
y vuelan en tapices de Damasco o Bagdad o Estambul
hacia sus propios cristales de roca en el paraíso
atraidos por el profeta que nada codicia del velamen

























VIII

¿Nada busca el poeta? ¿Nada lo llama a su delirio?
¿Ningún oráculo le avisa del peligro ante la hidra?
¿Alguien oculta la verdad cuando ve sus ojos poseídos
y se niega a la revelación junto a desiertos sin oasis?
¿Tan desamparado estará acaso ajeno a su caída?
¿Será el deseo tan espléndido que su codicia lo ciega?






*****

















Indice


BERKELEY SQUARE (1980)

DELIRIOS DE NOEGA (1981-1984)

TIEMPO DE CANGREJOS (1977-1992)

ANIMAL SIN TIEMPO (1993-2003)



























*

Eduardo García Aguilar nació en Manizales (Colombia) el 7 de septiembre de 1953. Realizó estudios en la Universidad de Vincennes (París viii), hasta 1979, y luego vivió en Estados Unidos y México. En la actualidad, reside en París. Ha publicado las novelas Tierra de leones (1986), Bulevar de los héroes (1987), El viaje triunfal (1993) y Tequila Coxis (2003), así como Urbes luminosas (relatos, 1991), Llanto de la espada (poemas, 1992), Animal sin tiempo (poemas, 2006), Celebraciones y otros fantasmas: una biografía intelectual de Álvaro Mutis (1993), Delirio de San Cristóbal. Manifiesto para una generación desencantada (1998) y Voltaire, el festín de la inteligencia (2005). Algunos de su libros fueron traducidos al inglés, francés y bengalí.


















0 commentaires:

Enregistrer un commentaire